A la memoria del Indio Solari: Los Fundamentalistas transformaron el dolor en un ritual de gratitud
El concierto programado hace meses atrás, se llevó a cabo apenas un día después del fallecimiento de Carlos Alberto "El Indio" Solari, el líder del grupo y máxima figura del rock argentino, quien murió este viernes a los 77 años.

El show de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en el Predio Ferial de Comodoro Rivadavia estaba programado desde hacía meses como una fiesta, pero el destino cambió los planes. El concierto se llevó a cabo apenas un día después del fallecimiento de Carlos Alberto “El Indio” Solari, el líder del grupo y máxima figura del rock argentino, quien murió este viernes a los 77 años. Bajo el frío patagónico y un clima de melancolía, la banda y su público convirtieron la tristeza en un conmovedor momento de gratitud colectiva que quedará para la historia.

La fecha originalmente formaba parte de un cronograma anunciado en la ciudad chubutense para el 6 y 7 de junio, aunque luego se unificó en una sola presentación, programada a dos semanas de su masivo paso por Jesús María, Córdoba. El viernes por la mañana, apenas la banda aterrizó en Chubut, recibió la noticia del deceso del artista. Tras horas de debate interno y en comunicación directa con la familia de Solari, los músicos decidieron seguir adelante con el espectáculo, impulsados por el respeto a los miles de fanáticos que ya viajaban desde distintas provincias del país.

A última hora del viernes, el grupo había transparentado su estado de ánimo a través de un comunicado: “Estamos en shock. Como todos. El durísimo golpe nos da en el cuerpo, pero abatidos como estamos, el corazón nos pide juntarnos”. Con esa premisa, decidieron mantener el recital e incluir una transmisión en vivo por YouTube para que nadie quedara afuera de la despedida.

Un inicio entre lágrimas

Las puertas del Predio Ferial se abrieron a las 18:00 horas, pero la cantidad de público superó ampliamente las expectativas y las localidades disponibles. La gran cantidad de gente que quedó en las inmediaciones del lugar retrasó el inicio del espectáculo, inicialmente previsto para las 21:00.

El verdadero inicio del ritual se desató a las 21:32, cuando la multitud explotó en una ovación ante la proyección de una gigantografía del Indio en las pantallas. Dos minutos después, a las 21:34, salieron al escenario los nueve integrantes actuales de la formación: Gaspar Benegas, Baltasar Comotto, Pablo Sbaraglia, Fernando Nalé, Deborah Dixon, Luciana Palacios, Sergio Colombo, Miguel Ángel Tallarita y Ramiro López Naguil. Los músicos aparecieron abrazados y visiblemente conmovidos, con lágrimas en los ojos, antes de ocupar sus posiciones y arremeter, sin mediar palabra, con “Pedía siempre temas en la radio” y “Un ángel para su soledad”.

Toda la poesía en un mismo lugar

El concierto avanzó como una ráfaga, hilvanando una canción tras otra sin preámbulos ni discursos intermedios. En un ambiente donde las palabras sobraban, la poesía de Solari se encargó de llenar el predio a través de temas de su etapa solista como “Todos a los botes”, “Tomasito”, “Divina TV Führer”, “Nike es cultura” y “Por qué será que Dios no me quiere”.

El público jugó un papel fundamental, dialogando con la banda a través de cánticos tradicionales como “El Indio está presente”, “Si tocaras en la luna la luna vamos a copar” y el clásico “Soy redondo hasta que me muera”, mechados con consignas de fuerte arraigo local como “El que no salta es un inglés” y “El agua no se vende”.

La etapa dedicada a la mística de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota abrió con “El Infierno está encantador”, coronada por un emotivo abrazo entre Débora Dixon y Pablo Sbaraglia en las armonías vocales. Siguieron “Preso en mi ciudad” y “Fuegos de octubre” antes del primer descanso de la noche, cerca de las 22:30. Al regreso, el grupo interpretó “Rock para el negro Atila”, “Ya nadie va a escuchar tu remera” y “Etiqueta negra”, elevando la emotividad en “Blues de la libertad”, momento en que Dixon exclamó desde el micrófono: “Indio, te amamos y te amaremos por siempre”.

El adiós virtual del “mesías mundano”

El predio vibró con los potentes riffs de “El tesoro de los inocentes”. Al concluir la canción, las luces se apagaron por completo para dar paso a uno de los momentos más desgarradores de la jornada: tras un breve bache de cinco segundos, la figura del Indio Solari apareció en las pantallas para interpretar de forma virtual “Un ángel amateur”. La sincronización de la banda tocando en vivo mientras su guía vocalizaba su obra de despedida más perfecta desató el llanto unánime de los presentes.

La lista de temas reanudó su marcha con clásicos imbatibles como “Vencedores Vencidos”, “Esa estrella era mi lujo”, “La hija del fletero”, “El charro chino” y “Todo un Palo”, esta última entonada con notable solidez por Luciana Palacios a pesar de las lágrimas. En las primeras filas del predio se mezclaban familias enteras, con una presencia mayoritaria de espectadores de más de 35 años que revivieron la vieja épica de los estadios y los casetes. La última parte del repertorio sumó la melancolía de “Mi genio amor” y la energía de “Maldición va a ser un día hermoso”.

Un pogo hacia la eternidad

Pasada la medianoche, sonaron los acordes de “Jugantes perdidos” y “Había una vez…”, temas que funcionaron como el espacio definitivo para la catarsis de la banda tras más de tres horas de rigurosa entrega profesional. Antes de pasar al cierre, el guitarrista Gaspar Benegas tomó la palabra por única vez en toda la noche para agradecer el respaldo de la marea humana: “Gracias por contenernos en una noche como esta, vamos a hacer Mariposa Pontiac y a Festejar al Indio”.

El cierre definitivo llegó de la mano de “Jijiji”, el himno definitivo del rock local. Exactamente a las 00:35 de este domingo 7 de junio de 2026, las 7.000 personas presentes en el predio, sumadas a los miles en los alrededores y los más de 200.000 espectadores que siguieron el minuto a minuto por YouTube, desataron el pogo más grande del mundo en suelo patagónico.

El concierto concluyó formalmente a las 00:44. Al apagarse los amplificadores, un silencio profundo y ensordecedor se apoderó de la multitud que descongestionaba el Predio Ferial; una paradoja de soledad compartida que encontró su único refugio en la inmortalidad de las canciones.

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