El Monseñor Enrique Martínez Ossola se conectó a #MDI y compartió una mirada sumamente crítica sobre la coyuntura social y económica del país, fundamentando la intervención de la Iglesia en la necesidad de visibilizar el sufrimiento cotidiano. “Como Iglesia tenemos que hablar y hablar con la verdad, con la realidad, con lo que vemos”, sentenció el religioso, describiendo un panorama desalentador donde la pobreza, la marginalidad y el desolador cierre de comercios configuran “una crisis que no se puede negar y que preocupa”.
El análisis de Martínez Ossola no esquivó la vulnerabilidad de los sectores más afectados y, de hecho, se situó en primera persona al abordar la delicada situación previsional y el conflicto en el PAMI, recordando que a él también le caen “las generales de la ley” por su condición de jubilado. Con notable indignación, el monseñor levantó su voz para denunciar que “los jubilados han gastado su vida y en el último año están penando por situaciones que son totalmente injustas”, exigiendo de manera directa que los ajustes económicos estatales se apliquen en otras áreas menos sensibles.
Esta asfixia financiera, según su interpretación, ha golpeado con una saña inédita a la clase media, transformando drásticamente su rol histórico dentro de la comunidad. D0e ser el principal sostén solidario de los sectores desprotegidos, hoy ha pasado a engrosar las filas de quienes acuden a pedir asistencia porque los ingresos ya no alcanzan. Para Ossola, “la clase media ha sido la que más ha sufrido toda esta crisis del gobierno y de sistemas”, perdiendo no solo la capacidad de adquirir una vivienda o un automóvil nuevo, sino viéndose imposibilitada de costear incluso las cuotas bajas de los colegios privados de gestión estatal y religiosa.
Al reflexionar sobre las tensiones políticas y las históricas descalificaciones desde el Poder Ejecutivo hacia la figura del fallecido Papa Francisco, Martínez Ossola apeló a una célebre metáfora de la pastoral latinoamericana para desmontar las etiquetas ideológicas con las que se suele estigmatizar el compromiso social de la Iglesia. Recordó la icónica frase del obispo brasileño Héder Câmara que sintetiza la contradicción del debate público actual “Cuando yo digo que hay chicos con hambre, dicen ‘qué obispo tan atento a las necesidades’. Cuando me meto a las causas del hambre de esos niños, ya soy el obispo rojo, el obispo guerrillero, el obispo contestatario, revolucionario, comunista”, concluyendo que incluso a Jesucristo lo cuestionaron por sus acciones. Bajo esta misma lógica defensiva de la doctrina social, el obispo se mostró prudente respecto a la ansiada pero incierta visita del Papa León XIV a la Argentina y específicamente a Santiago del Estero, sugiriendo que la inestabilidad institucional en la región (como los recientes reportes de violencia en Perú) podría alterar los planes vaticanos, aunque aclaró que por ahora son solo suposiciones.
No obstante, ratificó su absoluta confianza en la conducción del nuevo Pontífice, a quien definió como el líder preciso para este tiempo, destacando que aunque posee un estilo más moderado, mantiene intacto el rumbo de su antecesor. “Creo que sí, la misma línea de Francisco, quiere una misma iglesia. Francisco hubo uno solo pero mantuvo el rumbo”, concluyó el prelado, instando a desterrar las especulaciones políticas para confiar en que el Espíritu Santo “ha puesto a este hombre en este lugar y es el hombre que necesitamos”.
