El conflicto bélico en Medio Oriente sumó un capítulo de extrema gravedad este miércoles. El Comando Central de los Estados Unidos (Centcom) confirmó la ejecución de una nueva serie de “ataques adicionales de autodefensa” sobre múltiples objetivos estratégicos ubicados en territorio de la República Islámica de Irán. La ofensiva, ordenada de forma directa por el presidente Donald Trump, se produce apenas 24 horas después de la primera ronda de bombardeos y profundiza el estancamiento de las negociaciones diplomáticas tras más de tres meses de hostilidades.
Cronología de los impactos
De acuerdo con el reporte oficial militar de Washington, las incursiones aéreas comenzaron formalmente a las 5:15 p.m. hora del este norteamericano (las 12:45 a.m. del jueves en Teherán). Los reportes de las agencias de noticias en el sur de Irán dieron cuenta de fuertes explosiones y la activación inmediata de sistemas de defensa antiaérea en zonas críticas linderas al Estrecho de Ormuz, confirmándose impactos en las localidades de Qeshm, Kargan y Sirik.
Esta nueva incursión militar es la respuesta directa de la Casa Rosada al derribo de un helicóptero Apache del Ejército estadounidense ocurrido el pasado lunes en el estrecho. Tras los bombardeos norteamericanos del martes, el régimen de Teherán había contraatacado mediante el lanzamiento de misiles y drones hacia bases de operaciones de EE. UU. en Jordania, Kuwait y Baréin, causando daños que el Pentágono calificó como “mínimos”.
“Negociaremos con bombas”: la fuerte retórica de la Casa Rosada
El lenguaje político y militar empleado desde el ala gubernamental estadounidense dejó en claro que la estrategia actual se basa en la presión destructiva directa: “Los golpeamos duro ayer. Los vamos a golpear duro hoy. Los negociadores iraníes nos están haciendo perder el tiempo en la mesa; estuvimos cerca de un acuerdo, pero nos siguen tratando como tontos”, sentenció Donald Trump ante la prensa en la Casa Blanca, criticando la denominada diplomacia del “tap-tap-tap” de Teherán.
En consonancia, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, de visita en las instalaciones del Centcom en Florida, fue aún más tajante al advertir que la campaña militar podría extenderse a una tercera noche consecutiva: “Si necesitamos negociar con bombas, negociaremos con bombas. Esto busca avanzar nuestros intereses militares y reforzar nuestra posición diplomática”.
Por su parte, la respuesta institucional de Irán no se hizo esperar. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghei, denunció que las ofensivas previas de Washington destruyeron embalses y reservas de agua potable destinados al suministro de diez aldeas civiles, catalogando el hecho como un “crimen de guerra calculado y una flagrante violación de los derechos humanos”. Asimismo, el jefe del comité de seguridad nacional del parlamento iraní, Ebrahim Azizi, advirtió de manera amenazante que “la guerra no se limitará únicamente a la región”.
El impacto económico global ante la posibilidad del cierre total del Estrecho de Ormuz —paso clave por donde transita una quinta parte del suministro internacional de gas natural y crudo— se sintió de inmediato en los mercados financieros. El barril de West Texas Intermediate (WTI) escaló un 2,6%, posicionando su cotización en los USD 92,39.
Una diplomacia bajo fuego cruzado
A pesar de los ataques de las últimas horas, los canales de diálogo no se rompieron por completo. Una delegación oficial de Qatar arribó este miércoles a Teherán para intentar mediar y destrabar el proceso de paz.
No obstante, fuentes de la Casa Rosada ratificaron que mantendrán la política de “presión máxima” contra el régimen islámico. El panorama regional se complejiza aún más dado que el frente paralelo entre Israel y la milicia libanesa Hezbollah continúa plenamente activo en el sur del Líbano, donde nuevos bombardeos israelíes provocaron la muerte de al menos 13 personas. Irán exige, como condición ineludible para firmar un cese al fuego permanente con EE. UU., el fin de las operaciones de Israel en territorio libanés, el levantamiento total de las sanciones económicas y el reintegro de miles de millones de dólares en activos financieros que permanecen congelados en el exterior.
