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Opinión

Cuando la confianza deja de ser una palabra y se vuelve una práctica

**Por Cecilia Inés Russo Hay un momento particular en la evolución de los equipos. No suele ser tan visible como el conflicto. Tampoco tiene la intensidad de las primeras conversaciones difíciles ni el entusiasmo que aparece cuando comienzan a lograrse acuerdos más claros. Es un momento más silencioso. Y, sin embargo, profundamente transformador. Es el …

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Redacción Info del Estero
14 de junio de 2026 · 3 min de lectura
Cuando la confianza deja de ser una palabra y se vuelve una práctica
FotoCuando la confianza deja de ser una palabra y se vuelve una práctica

**Por Cecilia Inés Russo

Hay un momento particular en la evolución de los equipos. No suele ser tan visible como el conflicto. Tampoco tiene la intensidad de las primeras conversaciones difíciles ni el entusiasmo que aparece cuando comienzan a lograrse acuerdos más claros. Es un momento más silencioso. Y, sin embargo, profundamente transformador.

Es el momento en que la confianza deja de ser una expectativa y empieza a convertirse en una experiencia.

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Recuerdo un equipo que venía haciendo un trabajo muy serio sobre su forma de relacionarse. Habían aprendido a conversar temas que antes evitaban. Habían mejorado la coordinación. Las reuniones eran más productivas y los acuerdos comenzaban a ser más claros.

Desde afuera, podía decirse que estaban funcionando bien. Sin embargo, algo seguía apareciendo. Las personas continuaban verificando una y otra vez lo mismo. Los responsables sentían la necesidad de controlar cada detalle. Los pedidos de actualización se multiplicaban. Y cuando alguien asumía un compromiso, era frecuente que otro sintiera la necesidad de supervisarlo de cerca.

En una reunión, una de las integrantes puso en palabras algo que varios venían sintiendo: “No es que no confíe, pero prefiero revisar. “La frase generó algunas sonrisas y varios asentimientos. Y también abrió una conversación importante. Porque muchas veces hablamos de confianza como si fuera una decisión. Como si alcanzara con declarar que confiamos, aunque esta declaración muchas veces si sea un paso importante a dar.

La confianza no aparece porque alguien la pida. Tampoco porque un equipo tenga buena intención. La confianza se construye lentamente, en las pequeñas experiencias cotidianas que las personas tienen unas con otras.

Aparece cuando los compromisos se cumplen. Cuando alguien avisa a tiempo que no llegará. Cuando un error puede reconocerse sin necesidad de buscar culpables. Cuando pedir ayuda deja de ser una amenaza para la imagen personal. Cuando una dificultad se conversa antes de convertirse en un problema.

En otras palabras, la confianza empieza a crecer cuando las personas descubren que pueden mostrarse tal como están sin que eso ponga en riesgo el vínculo o la pertenencia. Y ese descubrimiento necesita tiempo.

Por eso, en esta etapa, muchos equipos viven una tensión interesante. Quieren trabajar con más autonomía, pero todavía sienten la necesidad de controlar. Quieren delegar, pero les cuesta soltar. Quieren confiar, pero aún están reuniendo evidencias de que pueden hacerlo.

No es una contradicción. Es parte del proceso.

Como ocurre en muchas relaciones humanas, la confianza se construye a partir de las promesas que hacemos y cumplimos. Se construye a partir de las experiencias que compartimos.

Cada compromiso cumplido fortalece el sistema. Cada conversación honesta frente a una dificultad genera un nuevo ladrillo. Cada vez que alguien puede decir “me equivoqué” y el equipo responde con aprendizaje en lugar de castigo, algo se consolida. Poco a poco empieza a aparecer una sensación diferente.

Las personas ya no necesitan verificar todo. Las conversaciones se vuelven más simples. La energía que antes se destinaba al control comienza a liberarse para otras cosas: Para pensar, para crea, para innovar, para aprender.

Y entonces el equipo da otro paso. Un paso que no siempre se ve desde afuera, pero que transforma profundamente su forma de trabajar.

Porque la confianza deja de ser una palabra escrita en una presentación o colgada en una pared. Empieza a convertirse en una práctica compartida. Y cuando eso sucede, el equipo no solo coordina mejor. Empieza a descubrir que puede apoyarse en algo más grande que los esfuerzos individuales.

Empieza a descubrir la fuerza que tiene construir juntos.

Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

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