El fallecimiento de Daniel Oscar Quinteros (58) modificó drásticamente el escenario judicial y dominial en torno a la gigantesca estatua de San La Muerte construida en la localidad de La Bajada, departamento Banda. Mientras Info del Estero confirmó con el entorno del fallecido que sus restos ya fueron velados y serán cremados, la gran incógnita en los tribunales santiagueños es qué pasará ahora con el predio del santuario tras la desaparición física de su impulsor.
En vida, Quinteros defendió la legalidad de las ocho hectáreas del autodenominado “Campito de la Sanación”. Sin embargo, su muerte prematura acelera de forma definitiva la polémica del predio, abriendo un complejo proceso que involucra denuncias por usurpación de tierras, derechos hereditarios cruzados y un frondoso prontuario delictivo.
La polémica del predio: la orden de restitución que pone en jaque al santuario
El factor principal que amenaza la continuidad de la imponente estructura de San La Muerte en La Banda es la titularidad real de las tierras. Poco antes de su deceso, la Justicia penal había accedido a documentación exclusiva que desmentía la versión del líder espiritual y lo obligaba a la restitución inmediata del predio a sus legítimos dueños.
Quinteros siempre sostuvo ante los micrófonos de Info del Estero que el campo estaba inscripto a su nombre y que su trabajo como cuidador rural durante dos décadas avalaba su derecho. No obstante, las causas abiertas determinaron que el terreno fue ocupado de manera ilegal. Con el fallecimiento del imputado, los verdaderos propietarios del campo reactivarán de forma urgente el pedido de desalojo, encontrando ahora un camino civil libre de las dilaciones que imponía la defensa de Quinteros.

Escándalo familiar
Al vacío legal sobre la posesión del terreno se le suma un inmediato escándalo familiar que estalló ante las autoridades policiales y afectó el clima del propio velatorio. La mujer que acompañaba a Quinteros al momento de sufrir el presunto infarto fatal declaró formalmente que mantenía una relación extramatrimonial con él desde hacía siete años.
Esta confesión desató una batalla abierta entre la viuda oficial de Quinteros y la amante de casi una década. Lejos de ser un simple conflicto sentimental, la pelea de fondo radicaría en la administración de los bienes y los derechos de herencia del polémico imputado. Con un núcleo familiar fragmentado en dos facciones y sin un titular claro, la defensa jurídica del santuario de La Banda frente a los legítimos dueños de la tierra quedó completamente desamparada.

El fin de la custodia y las causas penales
El destino del “Campito de la Sanación” también se ve afectado por el cese de los métodos de coacción que Quinteros ejercía para retener el control de las hectáreas. Aunque el cuidador negaba liderar una banda armada, los expedientes judiciales lo ubicaban en el centro de violentos copamientos rurales en el interior santiagueño, como el ataque tipo comando a la estancia “Tierra Brava” en 2023.
Incluso, sobre Quinteros pesaba una gravísima denuncia por un supuesto homicidio, además de causas por privación ilegítima de la libertad y amenazas coactivas. Al extinguirse la acción penal por su muerte, la supuesta red de protección y custodia que rodeaba al santuario de San La Muerte en La Bajada pierde su principal fuerza de choque, quedando desprotegido ante una inminente resolución de la Justicia de La Banda que promete devolver el predio usurpado a sus dueños originales.
