La historia de Dora, la mujer de Loreto que cambió el destino de su familia y hoy inspira un emprendimiento en la Feria Artesanal
Con 80 años, la vecina de San Gregorio nunca imaginó que las recetas que preparaba para aprovechar la fruta de su casa terminarían convirtiéndose en una marca familiar. Sus nietas hoy venden esos dulces en la Feria Artesanal 2026 y mantienen vivo un legado de trabajo, educación y cooperativismo.

Por Lourdes Suarez Torres

En el enorme predio de la Feria Artesanal 2026, entre cientos de puestos repletos de artesanías y productos regionales, hay uno donde los frascos de dulce cuentan mucho más que recetas tradicionales.

Detrás de la marca “De la Casa de Dora” hay una historia que comenzó hace varias décadas en San Gregorio, una pequeña localidad del interior del departamento Loreto, donde una mujer decidió desafiar el destino que la época parecía tener reservado para sus cuatro hijas.

Hoy son sus nietas quienes conservan ese legado y lo comparten con cada visitante que se acerca al stand de la Cooperativa de Trabajo Agroecológica Loreto.

Todo comenzó con los frutales del patio

Dora plantó árboles frutales pensando únicamente en el consumo familiar.

Pero cuando las cosechas comenzaron a superar lo que la familia podía consumir, encontró una solución sencilla: preparar dulces para conservar la fruta durante el invierno.

Aquellas recetas caseras, transmitidas de generación en generación, son hoy el corazón del emprendimiento.

“Mi abuela nos enseñó sobre todo las recetas tradicionales: higo en almíbar, membrillo, dulce de membrillo en pan. Después nosotros empezamos a animarnos a nuevas combinaciones, pero siempre respetando esa base que ella nos dejó”, contó Serena Tévez, una de sus nietas, en diálogo con Info del Estero.

Así nacieron propuestas que hoy conviven con los sabores clásicos: mandarina con champaña, uvas en almíbar, dulce de leche de soja o preparaciones con nopal, manzana y chía.

Una mujer adelantada a su tiempo

Sin embargo, la historia de Dora va mucho más allá de la cocina. Sus nietas aseguran que fue una mujer “muy visionaria” para una época en la que las oportunidades para las mujeres del interior santiagueño eran escasas.

Vivía en San Gregorio junto a su esposo, que debía viajar durante meses a Buenos Aires para trabajar en los obrajes, mientras ella quedaba sola al cuidado de sus cuatro hijas.

En aquellos años, terminar la escuela primaria era el horizonte habitual para muchas jóvenes rurales. Pero Dora no estaba dispuesta a aceptar ese destino.

Cuando llegó el momento de que sus hijas cursaran el secundario, tomó una decisión que cambiaría la historia de toda la familia.

Se mudó sola con ellas a las afueras de Loreto para que pudieran continuar sus estudios. “Le decían que las mujeres no tenían otro futuro que trabajar como empleadas domésticas o casarse. Ella no quería eso para sus hijas”, recordó Serena. El esfuerzo dio resultado.

Las cuatro estudiaron carreras universitarias y hoy la familia reúne profesionales de distintas disciplinas: ingeniería, enfermería, licenciatura en Medio Ambiente, sociología, gastronomía y docencia.

Un legado de estudio, trabajo y cooperativismo

Ese espíritu emprendedor también se reflejó en otra decisión que marcó a la comunidad.

Cuando la colonia donde vivían no contaba con energía eléctrica, Dora y su esposo impulsaron junto a otras familias una organización cooperativa para llevar la luz hasta la zona.

Organizaron beneficios, rifas y distintas actividades hasta reunir los fondos necesarios para construir la línea eléctrica que abasteció al paraje.

“Siempre pensamos en el bien de todos. Ese espíritu cooperativo también es parte de lo que heredamos”, explicó Serena.

Mucho más que un frasco de dulce

Actualmente, 24 familias integran la cooperativa y entre 11 y 16 integrantes participan activamente del emprendimiento “De la Casa de Dora”. Cada uno aporta conocimientos distintos.

Hay quienes se dedican a la producción agroecológica, otros al diseño de etiquetas, al desarrollo de nuevas recetas, a la gastronomía o a la comercialización. Ellos mismos siembran la materia prima, cosechan las frutas, elaboran los dulces y diseñan la presentación final.

“Lo que ofrecemos no es solamente un producto. Queremos que quien se lleve un frasco también se lleve un pedacito de nuestra historia”, explicó Serena.

Por eso cada etiqueta incluye información sobre la elaboración y sugerencias para disfrutar cada preparación.

Cuatro años consecutivos en la Feria Artesanal

La familia participa por cuarto año consecutivo en la Feria Artesanal y asegura que cada edición les deja nuevos aprendizajes. Con el paso del tiempo, muchos visitantes volvieron a buscarlos.

“Hay personas que el año siguiente regresan directamente a nuestro stand o nos escriben por Instagram para que les enviemos los productos. Eso para nosotros es una enorme satisfacción”, contó.

Además de los dulces tradicionales y gourmet, también elaboran salsas picantes y otros productos agroecológicos durante todo el año.

El mejor homenaje para Dora

Hoy, con 80 años, Dora ya no puede viajar con la misma frecuencia que antes, aunque sigue recibiendo visitantes en su casa de campo, a pocos kilómetros de Loreto.

Sus nietas aseguran que cada frasco que venden es una manera de agradecerle.

Porque mucho antes de que existiera la marca, mucho antes de que la familia recorriera ferias o desarrollara nuevos productos, hubo una mujer que creyó que sus hijas podían aspirar a algo más. Y esa convicción, décadas después, continúa dando frutos.

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