¿Santiago del Estero está preparado para un terremoto? La historia y la ciencia vuelven a poner el riesgo sísmico bajo la lupa
La Madre de Ciudades no está entre las zonas más sísmicas del país, pero su historia demuestra que los grandes movimientos pueden ocurrir. Qué dicen un geólogo y un arquitecto sobre terremotos registrados, las construcciones y el nivel de preparación frente a un eventual sismo de gran magnitud.

Los terremotos que sacuden distintos puntos de Latinoamérica vuelven a instalar una pregunta que suele aparecer recién después de una tragedia: ¿qué pasaría si un movimiento sísmico de gran magnitud ocurriera en Santiago del Estero?
La respuesta no es sencilla. Santiago del Estero no se encuentra entre las provincias argentinas con mayor peligrosidad sísmica, como San Juan o Mendoza, pero tampoco puede considerarse una zona libre de terremotos.
De hecho, la propia historia provincial demuestra que un evento de gran intensidad ya ocurrió.
El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) registra el 4 de julio de 1817 como uno de los terremotos históricos de mayor importancia ocurrido en el país. En Santiago del Estero, los mayores daños se concentraron al norte de la ciudad: se desplomaron viviendas, se produjeron grietas en el suelo y los temblores continuaron durante aproximadamente una semana. El organismo estima una intensidad de VIII grados en la escala de Mercalli.

Más de dos siglos después, la pregunta vuelve a ser pertinente: ¿qué tan preparadas están hoy Santiago del Estero y La Banda para enfrentar un terremoto importante?
Y la respuesta obliga a mirar no solamente a la geología, sino también a las construcciones.
Santiago del Estero sí tiene actividad sísmica
El geólogo Carlos Carrizo, entrevistado en La Mañana de Info, explicó que la provincia registra actividad sísmica y que existe una falla activa vinculada a la zona de las Sierras de Guasayán.
Según el especialista, uno de los eventos significativos de las últimas décadas estuvo relacionado con esa actividad y alcanzó aproximadamente una magnitud de 5.

Pero existe otra particularidad de la sismicidad santiagueña: buena parte de los movimientos que se producen debajo de la provincia son muy profundos.
Carrizo explicó que debajo de Santiago del Estero existe actividad asociada al desplazamiento de la placa de Nazca por debajo de la placa Sudamericana, con movimientos que pueden producirse a cientos de kilómetros de profundidad. Esa profundidad resulta determinante.
Cuando un sismo ocurre muy lejos de la superficie, buena parte de su energía se disipa durante el recorrido. Por eso, un movimiento que puede tener una magnitud considerable no necesariamente produce en superficie el mismo nivel de destrucción que tendría un terremoto de similar magnitud pero mucho más superficial.
Un ejemplo reciente ocurrió el 20 de enero de 2023. Un sismo registrado en territorio santiagueño tuvo una magnitud que distintas agencias ubicaron entre 6,4 y 6,8, pero ocurrió a unos 600 kilómetros de profundidad. Fue percibido en distintas provincias y también en Chile, aunque no provocó daños significativos en Santiago del Estero.
El 2 de octubre de 2025, además, un sismo de magnitud 5,8 tuvo epicentro en el departamento Figueroa, aproximadamente a 100 kilómetros de la capital provincial, a unos 570 kilómetros de profundidad. Tampoco produjo víctimas ni daños materiales.
Es decir: los terremotos no son una hipótesis completamente ajena a Santiago. La diferencia está en dónde y a qué profundidad ocurren.
El terremoto de 1817: cuando Santiago ya sufrió un gran movimiento
El antecedente histórico más fuerte obliga a abandonar una idea peligrosa: que “aquí nunca pasó”.
El 4 de julio de 1817, Santiago del Estero sufrió un terremoto que alcanzó una intensidad estimada de VIII en la escala de Mercalli.
Según el registro histórico del INPRES, los mayores daños se produjeron al norte de la ciudad. Hubo casas destruidas, grietas en el suelo y temblores que continuaron durante varios días. La diferencia con la ciudad actual es evidente.
En 1817 la ciudad tenía una población muy inferior y un parque edilicio completamente diferente. Hoy, el conglomerado Santiago del Estero-La Banda concentra una enorme cantidad de viviendas, edificios, comercios, escuelas, hospitales e infraestructura crítica.
Por eso, la comparación no debe hacerse solamente entre magnitudes de terremotos históricos y actuales. También hay que preguntarse cómo respondería la ciudad construida hoy.
¿Las casas de Santiago del Estero son antisísmicas?
Aquí aparece uno de los principales puntos ciegos. El arquitecto Gabriel González Orisber (UCSE) planteó que pensar en un terremoto de gran magnitud implica analizar la calidad y las características del parque edilicio.
Las construcciones nuevas y de mayor escala deben responder a exigencias técnicas y contar con cálculo estructural, estudios correspondientes y participación de profesionales matriculados.

Argentina cuenta, además, con el Reglamento INPRES-CIRSOC 103, que establece criterios para las construcciones sismorresistentes. El reglamento contempla distintos niveles de peligrosidad sísmica y establece exigencias diferentes según la zona y el destino de cada construcción.
Pero esto no significa que todas las viviendas existentes en Santiago del Estero puedan ser consideradas automáticamente antisísmicas. Y esa diferencia es fundamental.
Una vivienda puede haber sido construida hace décadas, ampliada posteriormente o modificada sin un cálculo estructural integral. En muchos barrios, además, las casas se construyen por etapas, según las posibilidades económicas de cada familia.
Orisber puso precisamente el foco en ese sector del parque edilicio. El problema puede estar en las construcciones hechas por etapas.
Según explicó el arquitecto a Info del Estero, una de las principales vulnerabilidades puede encontrarse en viviendas realizadas sin asesoramiento profesional.

En este tipo de construcciones pueden aparecer deficiencias en elementos que resultan fundamentales para lograr un comportamiento adecuado frente a las fuerzas horizontales provocadas por un terremoto: columnas de confinamiento, vigas, encadenados, armaduras, estribos y vinculaciones entre los diferentes componentes de la estructura.
Una pared, por sí sola, no constituye un sistema estructural capaz de responder adecuadamente frente a un terremoto importante.
La resistencia depende de cómo trabajan conjuntamente los muros, columnas, vigas, fundaciones y demás componentes.
Por eso, una casa que “se ve sólida” no necesariamente es una casa diseñada para soportar una determinada solicitación sísmica.
Y esa es una de las cuestiones que la población difícilmente puede determinar a simple vista.
También importa el suelo
La posibilidad de daños durante un terremoto no depende exclusivamente de la magnitud.
Importan también la profundidad del sismo, la distancia al epicentro, las características del suelo, la calidad de las construcciones y la forma en que están vinculadas sus estructuras.
El propio INPRES explica que para la ingeniería sismorresistente las aceleraciones del terreno son un parámetro fundamental y que la peligrosidad sísmica varía según las distintas zonas del país. El reglamento argentino divide el territorio en cinco zonas de peligrosidad sísmica, con requerimientos constructivos que aumentan en las áreas de mayor peligro.
Por eso, no alcanza con preguntar si Santiago está “en una zona sísmica”.
La pregunta correcta es qué nivel de movimiento puede esperarse, con qué profundidad, sobre qué tipo de suelo y cómo responderían las construcciones existentes.
¿Dónde está el mayor peligro sísmico en Argentina?
Los registros del INPRES muestran que la mayor parte de la actividad sísmica argentina se concentra en el centro-oeste y noroeste del país.
El caso más conocido es la región de San Juan y Mendoza, donde se concentran fallas activas capaces de producir terremotos destructivos relativamente superficiales.
Allí se produjeron algunos de los terremotos más devastadores de la historia argentina.

El terremoto de Mendoza de 1861 destruyó prácticamente la ciudad y provocó una enorme cantidad de víctimas. En 1944, otro terremoto destruyó San Juan y se convirtió en la mayor catástrofe sísmica de la historia argentina, con alrededor de 10.000 muertos según los registros históricos citados por el INPRES.
El país también registra antecedentes importantes en otras regiones.

Entre los terremotos históricos figuran:
- 1894 – San Juan: uno de los mayores terremotos registrados en territorio argentino.
- 1944 – San Juan: destruyó gran parte de la ciudad y dejó el mayor número de víctimas de la historia sísmica argentina.
- 1977 – Caucete, San Juan: produjo graves daños y licuefacción del suelo.
1985 – Mendoza: un importante terremoto volvió a provocar daños estructurales. - 2002 – La Rioja: otro evento significativo dentro de la región centro-oeste.
- 2004 – Catamarca: un terremoto que también forma parte de los registros históricos recientes del INPRES.
El propio organismo advierte que el noroeste argentino también presenta un peligro sísmico potencial elevado, aunque históricamente muchos terremotos destructivos no hayan afectado a las áreas más densamente pobladas.
Entonces, ¿Santiago del Estero está preparado?
La respuesta más honesta es: no puede afirmarse que toda Santiago del Estero y La Banda estén preparadas de la misma manera.
Existe una normativa nacional para construcciones sismorresistentes y existen profesionales, mecanismos de cálculo y exigencias técnicas que permiten proyectar estructuras con mayor capacidad de respuesta. Pero el parque edilicio real es mucho más heterogéneo.
Hay edificios diseñados con criterios estructurales modernos, viviendas antiguas, construcciones ampliadas con el paso del tiempo y casas levantadas sin intervención profesional.
Por eso, frente a un terremoto importante, la vulnerabilidad no sería igual en toda la ciudad.
Y tampoco sería correcto afirmar que un terremoto de magnitud 7 necesariamente destruiría Santiago. La magnitud, por sí sola, no permite hacer esa predicción.
Un sismo superficial cerca de una ciudad puede resultar mucho más destructivo que uno de mayor magnitud ocurrido a cientos de kilómetros de profundidad.
Los terremotos de 2023 y 2025 son justamente una demostración de esa diferencia.
El desafío: prepararse antes de que ocurra
El riesgo sísmico no se elimina porque durante años no haya ocurrido un terremoto destructivo.
De hecho, el propio concepto de peligrosidad sísmica utilizado por el INPRES contempla eventos que pueden tener períodos de recurrencia prolongados. Para el diseño sísmico se considera, en términos generales, un movimiento destructivo con una recurrencia de referencia de 500 años.

Esto no significa que un terremoto vaya a ocurrir dentro de determinado plazo. Significa algo mucho más sencillo: la ausencia de un terremoto reciente no demuestra que el riesgo haya desaparecido.
Para Santiago del Estero y La Banda, el desafío pasa entonces por reducir la vulnerabilidad.
Eso implica fortalecer el cumplimiento de las normas de construcción, promover el asesoramiento profesional, controlar las obras, revisar las estructuras existentes cuando corresponda y generar una cultura de prevención.
También implica que los vecinos puedan reconocer que construir una vivienda no es solamente levantar paredes. La estructura debe ser pensada como un sistema.
Nadie puede saber cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto ni qué magnitud tendrá.
Tampoco existe una herramienta que permita anunciar con anticipación que un terremoto va a producirse en Santiago del Estero. Pero hay algo que sí puede hacerse: preparar las ciudades antes de que la tierra se mueva.
Frente a un fenómeno natural del cual no podemos precedir cuánto va a temblar el suelo, lo único que podemos decidir es qué tan vulnerables queremos estar cuando eso ocurra.




