“Antes no nos tenían en cuenta a los jubilados, ahora somos muy visibles”

Entre la visibilización, la actividad, el ocio y la salud mental. Así se alimenta el motor que empuja hoy a los centros de jubilados. Solo en la ciudad Capital, hay más de 30. Están distribuidos en los barrios y tienen la misión de reunir a quienes se retiraron de la vida laboral, pero son conscientes de que después también hay vida.
En tiempos en que se crean altares a la “productividad” y se descartan seres humanos cuando ya no pueden trabajar, los “retirados” se resisten al sedentarismo, la pasividad y el ostracismo. Mientras, en los espacios comunitarios a los que pertenecen, batallan contra los recortes en el Pami y a los programas que fomentaban una vejez activa.

“Yo ando apenas de salud, pero igual voy al centro. Es un mundo muy lindo, nos contenemos todos”, comentaba Graciela Corvalán, presidenta del Centro de Jubilados Alberdi. El viernes pasado, la Municipalidad de la Capital organizó un festejo comunitario para celebrar el Día del Jubilado que se conmemora hoy, como cada 20 de septiembre desde 1904.
En medio de los festejos en Red Star, los jubilados dejaron en claro por qué estos espacios no deben perderse y hacen todo lo posible para sostenerlos.

Cómo subsisten hoy los centros de jubilados
La realidad cotidiana de los centros de jubilados no escapa a la crisis económica, ni social que atraviesa el país. Su permanencia es fruto del esfuerzo constante de sus comisiones directivas y socios que reflejan un profundo sentido de pertenencia.
Las actividades en cada uno de ellos son particulares. Van desde talleres semanales, pasando por propuestas de actividad física y fiestas; una suerte de boliches exclusivos para los +60.

"El PAMI nos da un apoyo, un poco, y el centro en realidad se mantiene con una cuota mínima que cobramos a los asociados, que somos nosotros. Todos pagamos una cuota mínima para poder solventar gastos…una merienda, un almuerzo, siempre hace falta más, pero bueno, entre todos algo hacemos", explicaba Graciela.
Las políticas del gobierno nacional también resintieron la capacidad de los centros de jubilados en cuanto a la asistencia que podían brindara sus asociados. En ese sentido, la titular recordaba cuando el PAMI les proveía de un bolsón con mercadería. “No era mucho, pero ayudaba. Hoy eso no existe, lamentablemente".

Salud integral, contención y socialización
Más allá de las dificultades presupuestarias, la función primaria de los centros es la contención afectiva y social; el cuidado de la salud física y mental de los adultos mayores. Las actividades grupales actúan como un escudo frente al aislamiento y el deterioro del estado de ánimo y la actividad cognitiva.
Sobre esto, la referente del centro Alberdi destaca el cambio de paradigma generacional: "Antes la persona mayor era persona mayor y ahora no. Tratamos de hacer cosas para mantener clara nuestra mente, para que no nos molesten tanto los dolores. Hacemos distintos talleres y eso nos ayuda muchísimo. Hacemos tejido, gimnasia, yoga, más que nada… tenemos un grupo en el que no faltan las fechas de festejos y eso nos hace muy bien, eso le hace muy bien a la gente mayor: no encerrarse en la casa".

El compromiso individual con la institución supera incluso las limitaciones físicas de sus propios integrantes, quienes encuentran en la reunión periódica una motivación para salir del hogar. "Yo ando apenas de salud, tengo problemas en la pierna, pero igual voy al centro”, señalaba Graciela.
Y resumía:“esto es una gran cosa para nosotros, para todos los que estamos en esta edad, que hemos tenido una cierta actividad cuando hemos sido jóvenes. Con esto nosotros nos sanamos, si estamos enfermas igual vamos", concluía.

Visibilidad y derecho al esparcimiento
La vigencia de las instituciones de jubilados en la provincia es una evidencia del rol protagónico que tiene la tercera edad en la esfera pública. No son espacios concedidos por el Estado, sino lugares conquistados mediante la participación social y cultural que antes parecían inaccesibles para quienes cesaban en la actividad productiva.
Adriana Olmos, presidenta del Centro de Jubilados Mercantil, revaloriza eso. Sostiene que los centros fueron impulsados por los adultos mayores, por cuestiones individuales, pero comunes, y ahora estos les dan volumen a su voz.

"Antes no nos tenían en cuenta a los jubilados, ahora estamos muy visibles. Realmente nos hacemos visibles a través de los centros de jubilados. Es muy importante para nosotros que nos tengan en cuenta porque tenemos medios para poder salir de la casa, para el esparcimiento", enumeraba.
La red de centros de jubilados en la provincia opera como una estructura fundamental de contención. Así, el concepto de “pasivos” queda relegado a las estadísticas de mercado y no a la vida de cada jubilado que encontró en la organización colectiva espacio donde moviéndose.




