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"Las bibliotecas populares tienen tesoros escondidos”: el llamado de quienes todavía las sostienen y las llenan de historias

Desde la Biblioteca Doctor Manuel Gorostiaga llevaron una propuesta de lectura en voz alta y reclamaron que la comunidad vuelva a habitar estos espacios gratuitos.

RI
Por Redacción Info del Estero.
Hace 1 hora · 6 min de lectura
"Las bibliotecas populares tienen tesoros escondidos”: el llamado de quienes todavía las sostienen y las llenan de historias
Foto"Las bibliotecas populares tienen tesoros escondidos”: el llamado de quienes todavía las sostienen y las llenan de historias

En medio del movimiento de la Feria del Libro de Santiago del Estero, entre estudiantes, stands, actividades y cientos de libros, hay un espacio que propone detenerse un rato, tirar un dado y volver a algo tan simple —y tan necesario— como leer en voz alta.

El stand de las bibliotecas populares reúne a instituciones de Capital, La Banda y distintas localidades del interior santiagueño. Como cada año, las bibliotecas se organizan en turnos para estar presentes y mostrarle al público que sus espacios siguen vivos y que tienen mucho para ofrecer.

Este viernes fue el turno de la Biblioteca Popular Pro Fomento y Cultura, Biblioteca Doctor Manuel Gorostiaga, ubicada en San Martín 581 de la ciudad Capital. Y llegaron a la Feria con una propuesta especialmente pensada para los más jóvenes.

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Un dado, una consigna y una excusa para volver a leer

La dinámica se llama “Dados y palabras”. La propuesta es sencilla: cada cara del dado tiene un color y una consigna. Los participantes tiran, descubren qué les tocó, eligen un libro y leen en voz alta.

La actividad nació de una preocupación concreta: recuperar el hábito de leer, pero también el de hablar, escuchar y animarse a leer frente a otros.

“Los jóvenes no leen”, planteó Marta Bravo, integrante de la coisiòn directiva a Info del Estero, aunque rápidamente explicó que el objetivo no es quedarse en la crítica, sino generar una oportunidad para acercarlos nuevamente a los libros.

Trabalenguas, adivinanzas, historias de mujeres santiagueñas, literatura argentina, autores locales, novelas policiales y hasta juegos de origen japonés forman parte de las opciones que llevaron a la Feria.

Y la respuesta, según contó, fue mejor de la esperada.

“Se enamoraron”, relató con entusiasmo al hablar de los adolescentes y preadolescentes que se acercaron al stand. Muchos terminan eligiendo ellos mismos qué libro quieren abrir y qué texto quieren compartir en voz alta.

La escena parece pequeña, pero detrás hay una idea mucho más grande: recuperar el vínculo físico con el libro y volver a hacer de la lectura una experiencia compartida.

¿Para qué sirve hoy una biblioteca popular?

La pregunta aparece casi inevitablemente cuando se habla de bibliotecas en tiempos de celulares, redes sociales, inteligencia artificial y acceso inmediato a enormes cantidades de información.

La respuesta de quienes sostienen estos espacios es mucho más amplia que “prestar libros”.

Una biblioteca popular puede ser un lugar para consultar archivos antiguos, buscar información actual, investigar sobre inteligencia artificial o robótica, encontrar material para docentes o descubrir una novela.

Pero también puede ser algo mucho más cotidiano: un lugar donde estudiar cuando en casa no hay espacio, conectarse a Internet cuando no se tiene el servicio, reunirse para hacer un trabajo práctico o participar de un taller.

Las bibliotecas populares también abren sus puertas para presentaciones de libros, charlas, talleres y actividades culturales.

En la Biblioteca Doctor Manuel Gorostiaga, por ejemplo, funcionan propuestas de tai chi, bachata, ritmo, folclore, yoga, coro y porcelana, entre otras.

Son actividades que, además, ayudan a generar recursos para sostener las instituciones.

Porque detrás de cada biblioteca hay una realidad económica que no siempre se ve.

“Las remamos en dulce de leche”, graficó la entrevistada.

La biblioteca cuenta incluso con una feria americana que sus integrantes, entre risas, ya bautizaron como una “boutique”. Allí venden objetos donados por vecinos y amigos para reunir pequeños fondos que permitan continuar funcionando.

“Las bibliotecas están a punto de cremación”

La frase que más la marcó se la escuchó al sacerdote de su barrio.

Durante una actividad en la biblioteca, el religioso habló sobre estos espacios y utilizó una expresión que, según contó, le quedó resonando: “Las bibliotecas están a punto de cremación”.

La frase dolió, pero también funcionó como una especie de llamado de atención.

Porque quienes trabajan en ellas saben que muchas veces las bibliotecas existen, tienen libros, tienen espacios y tienen actividades, pero no tienen el movimiento de gente que alguna vez tuvieron.

“Verdaderamente sí, nadie transita las bibliotecas”, reconoció.

Por eso, desde la Biblioteca intentan hacer justamente lo contrario: abrir las puertas, organizar actividades, convocar a las familias y acercarse a las instituciones del barrio.

Trabajan con escuelas, centros de salud, espacios para adultos mayores, la parroquia y otras organizaciones cercanas.

La apuesta está especialmente puesta en niños y jóvenes. “Son el semillero”, explicó.

Y allí aparece una de las claves de su presencia en la Feria del Libro: mostrarles a las nuevas generaciones que una biblioteca no es solamente un lugar donde hay estantes llenos de libros.

Es también un espacio para encontrarse, aprender, estudiar, crear, compartir conocimientos y descubrir historias.

Los tesoros que están esperando ser abiertos

Hay otra imagen que quedó flotando durante la charla: la de los “tesoros escondidos”.

Las bibliotecas populares conservan historias, libros, archivos y personajes que forman parte de la memoria de las comunidades. Pero un libro guardado en un estante, si nadie lo abre, permanece en silencio.

Por eso la invitación que hacen desde el stand la profe Marta, Graciela Navarro y Arcela Gordillo es tan simple como concreta: entrar a una biblioteca, agarrar un libro, tocarlo, abrirlo y descubrir qué tiene para contar.

“Hay un montón de historias guardadas con personajes que, si nosotros no las abrimos, no le damos vida”, expresó.

Quienes sostienen estos espacios también hablan desde la experiencia personal. Pasan horas dentro de la biblioteca, organizando actividades, pensando proyectos, revisando libros y buscando nuevas maneras de acercarse a la comunidad.

Y muchas veces lo hacen de manera voluntaria. “Cuando surge una idea, todos corremos por esa idea”, contó.

La Feria del Libro les permite volver a encontrarse con ese público que tanto buscan: estudiantes, chicos, docentes, familias y curiosos que quizás nunca entraron a una biblioteca popular.

Por eso, detrás del juego de dados, los trabalenguas y las lecturas en voz alta hay también un pedido.

Que las bibliotecas vuelvan a ser transitadas.

Que los libros vuelvan a tocarse.

Que los chicos vuelvan a descubrir qué pasa cuando se abre una página sin saber qué historia hay del otro lado.

Y, sobre todo, que la comunidad recuerde que esos lugares siguen existiendo y que sus puertas están abiertas.

Quizás esa sea, en definitiva, la consigna más sencilla que deja su paso por la Feria: entrar, mirar, preguntar y abrir un libro. El resto puede empezar ahí.

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