Una arquitecta santiagueña quedó finalista en un premio mundial y necesita ayuda para viajar a Praga
Paula Bienvecino quedó finalista en dos nominaciones de los Inspireli Awards. Presentó un proyecto para convertir un ex centro clandestino de detención en un espacio público de memoria y ahora busca sponsors para poder viajar a la ceremonia en Praga.

Hay viajes que empiezan mucho antes de subir a un avión. El de Paula Bienvecino comenzó con planos, maquetas, horas frente a una computadora y una pregunta difícil: ¿cómo transformar un lugar marcado por una de las etapas más oscuras de la historia argentina en un espacio para recordar, recorrer y volver a habitar?
La respuesta fue un proyecto académico desarrollado durante su carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Y ese trabajo terminó llevándola mucho más lejos de lo que probablemente imaginaba: Paula se recibió de arquitecta y además quedó finalista en dos nominaciones de los Inspireli Awards, un concurso internacional que reúne trabajos de estudiantes de arquitectura, diseño urbano e interiores de todo el mundo.
La competencia tiene su sede en Praga, República Checa, donde se realizará la ceremonia de premiación. Para Paula, poder estar allí no sería simplemente hacer turismo: significaría representar a su universidad, a su provincia y a una manera de entender la arquitectura vinculada con el territorio, la memoria y el espacio público.

Un proyecto para convertir la memoria en espacio público
El trabajo nació a partir de una propuesta para intervenir el antiguo Arsenal Miguel de Azcuénaga, en Tucumán, un predio relacionado con el funcionamiento de un centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar argentina.
La idea no fue borrar las huellas del lugar ni convertirlo simplemente en un monumento. Por el contrario, la propuesta busca recuperar ese enorme territorio abandonado, conservar sus estructuras y transformarlo en un espacio público abierto, accesible y conectado con la ciudad.
El proyecto se organiza alrededor de un “circuito de la memoria”, pensado como una especie de ADN que conecta los distintos sectores y puntos históricos del predio.
La propuesta incorpora plazas, espacios de encuentro y contemplación, áreas verdes y un anfiteatro destinado a actividades culturales y educativas. Al mismo tiempo, conserva edificios y estructuras existentes, respetando materiales como ladrillo, hormigón y metal para que las propias huellas del lugar sigan formando parte de la experiencia.
Uno de los aspectos más fuertes del proyecto es la denominada Ruta de la Memoria.

El recorrido comienza en un antiguo acceso oculto utilizado para introducir a los detenidos. Allí, un pasaje estrecho y rodeado de muros genera una sensación de confinamiento y desorientación.
El camino continúa entre el bosque hasta llegar al antiguo Almacén N.º 9, señalado como espacio de detención y rodeado por las antiguas torres de vigilancia. Luego se interna nuevamente en el paisaje hasta llegar al Pozo, concebido como el punto de mayor intensidad del recorrido.
La arquitectura, en ese trayecto, busca contar una historia sin necesidad de explicarla solamente con palabras: confinamiento, vigilancia, aislamiento y finalmente ausencia.
Una santiagueña que llegó a una competencia internacional
En diálogo con La Mañana de Info, Paula contó que la experiencia también tiene un significado especial para la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT.
“No suelen participar mucho. Gracias a este proyecto nuestra facultad quedó segunda en el ranking de participación”, explicó.

Según señaló, una de las particularidades de la formación que recibió en Tucumán está relacionada con el fuerte trabajo sobre el urbanismo.
“Nos avocamos mucho al urbanismo. Muchas otras universidades se avocan más al diseño”, explicó.
Ese perfil terminó siendo una parte importante de la propuesta presentada al concurso: pensar no solamente un edificio, sino qué ocurre con una ciudad, cómo se conecta un sitio con su entorno y de qué manera la arquitectura puede recuperar un espacio para la comunidad.
El proyecto también incorpora una estrategia de paisaje y biodiversidad, con especies vegetales nativas de Tucumán, además de nuevas conexiones peatonales y vehiculares para integrar el antiguo Arsenal al tejido urbano.
Incluso contempla puentes peatonales y pasos elevados para superar las barreras de infraestructura existentes, entre ellos cruces sobre la Ruta Nacional 9.
“Es un orgullo por la educación pública”
Para Paula, haber llegado hasta esta instancia también tiene una dimensión que excede el premio.
“En arquitectura en el mundo tenemos arquitectos muy famosos. La arquitectura no nació para una universidad privada. Hace poco volvió a la privada, pero siempre fue de la pública”, sostuvo al hablar de su recorrido académico.
Por eso, la posibilidad de representar a la Universidad Nacional de Tucumán en Praga tiene para ella un valor particular.

Los Inspireli Awards son de inscripción gratuita y están abiertos a estudiantes universitarios de todo el mundo. Además de los reconocimientos, los ganadores pueden acceder a premios económicos, el trofeo “Wings to the Future”, licencias de Archicad y difusión internacional.
La definición de los ganadores de la 11.ª edición será el 24 de octubre de 2026, a las 13 horas de Praga, mediante una transmisión en vivo desde la República Checa.
Paula ya está entre las finalistas. Ahora necesita conseguir algo bastante más concreto: llegar hasta allí.
Una rifa para llegar a Praga
La estadía durante el viaje está cubierta, pero los pasajes representan el principal obstáculo. La arquitecta calcula que necesita reunir aproximadamente 3.000 dólares para los vuelos.
Para intentar conseguirlos, puso en marcha una rifa con distintos premios y números disponibles tanto para personas de Tucumán como de Santiago del Estero y Termas de Río Hondo.

“Lo que estoy haciendo es una rifa, tengo varios premios, para Tucumán y para Santiago y Termas. Sorteo varias cosas y me pueden comprar un numerito”, contó.
Además de la rifa, Paula busca sponsors y empresas que quieran acompañarla económicamente para poder viajar a Praga y estar presente en la ceremonia.
La historia, en definitiva, empezó con un proyecto universitario sobre un lugar cargado de memoria y terminó cruzando las fronteras del país. Ahora falta un último tramo: que esos planos, que nacieron en una facultad pública de Tucumán y tienen una santiagueña entre sus protagonistas, puedan llegar físicamente hasta Praga.
Y Paula espera poder estar allí para descubrir, el 24 de octubre, hasta dónde puede llegar aquel proyecto que comenzó sobre un papel.




