Una agricultora y sus semillas de algodón: abriendo camino a una red de mujeres
A mil kilómetros de la capital de Argentina, en Santiago del Estero, la agricultora familiar Graciela Galván encontró en el cultivo agroecológico del algodón una nueva oportunidad de trabajo, no solo para su familia, sino para un grupo de agricultoras de su región.

Graciela Galván, de 34 años, es agricultora familiar y vive en el departamento Río Hondo, en Santiago del Estero desde los 12 años. Allí, desde niña, aprendió de sus abuelos a cuidar la tierra. Hoy sigue viviendo y trabajando en el campo, junto a su hija de 17 años y su pareja. En su parcela, la agricultura siempre ha sido diversa, con producción de verduras, maní, frutillas y forraje para alimentar a las cabras y ovejas. Parte de la producción se destina al consumo familiar y otra se comercializa en una feria itinerante apoyada por la municipalidad de su ciudad.
Sin embargo, la pandemia delCOVID-19 marcó un punto de inflexión en sus actividades agrícolas, cuando, en el 2020, recibió semillas de una planta prácticamente desconocida en su comunidad: el algodón. El cultivo llegó a la vida de Graciela en un momento en que las restricciones dificultaban los desplazamientos y muchas actividades estaban suspendidas.

El primer cultivo no solo introdujo una nueva actividad productiva en su parcela. También despertó el interés de otras mujeres jóvenes de la zona, algunas de las cuales se sumaron a la siembra. Con el impulso de Graciela y sus vecinas, el grupo se vinculó con otras mujeres rurales de Santa Fe, Chaco, Corrientes, Tucumán, Catamarca y Buenos Aires, en la Red Argentina de Mujeres Algodoneras (RAMA), que integra a 16 organizaciones que también trabajan con artesanías. Su objetivo es transformar la cadena de valor del algodón en un modelo productivo que no solo sea económicamente viable, sino también socialmente justo y ambientalmente sostenible.
Actualmente, Graciela también asume nuevas tareas dentro de RAMA como presidente de la Red. Ella acompaña y registra el calendario de siembra, toma nota del inicio del cultivo y sigue su evolución a lo largo de la temporada. Junto a otras mujeres de su organización, desarrolla la agricultura con valor agregado produciendo fibra de algodón y alimentos agroecológicos.
Semillas de algodón y nuevas posibilidades
“Hubo muchos jóvenes que se sumaron a la siembra del algodón. Varias chicas estaban muy interesadas en la propuesta y querían sumarse también a la red”, comenta Graciela. En una zona donde casi nadie había cultivado algodón, muchas personas conocían la fibra por su uso en productos médicos, pero nunca habían pensado en producirla. “La verdad, me quedé muy sorprendida de saber cómo era, porque nadie aquí lo había hecho”, recuerda.
Las semillas llegaron de manos de la técnica extensionista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA) de la oficina de Reconquista, Doriana Feuillade, quien le propuso participar en una iniciativa para establecer una red de siembra de algodón y sumarse a una experiencia piloto en un pequeño lote. “Vamos a probarlo”, recuerda Graciela.

Según la extensionista, las primeras semillas de algodón se distribuyeron entre familias con quienes compartían vínculos de confianza y producción agroecológica. Con la inquietud de probar nuevos tipos de siembra, Graciela y su grupo de compañeras aceptaron una primera bolsita desemillas. Así, con las primeras plantas, la actividad fue creciendo entre ellas.
Desde que comenzó a producir algodón, hace seis años, el cultivo le ha dado buenos resultados, incluso frente a los desafíos. Graciela alcanzó a producir 85 kilos de fibra de algodón, una muestra del potencial de producción de este cultivo en un modelo en asociación con cultivos alimentarios. Hoy, Graciela intercala el algodón con maní, zapallo, maíz, trigo y cebada, “para tener ingresos en distintas épocas del año”, explica. La diversificación le permite contar con otras fuentes de producción y alimentos mientras el algodón completa su ciclo.
El algodón que cultiva es agroecológico y, para Graciela, este camino puede atraer a más personas interesadas en producir de una manera más natural y con mayor cuidado del ambiente. Pero cuando piensa en el futuro: su principal deseo no es solo aumentar la producción, también quiere que más mujeres encuentren un lugar en la agricultura y que su trabajo sea reconocido. “Que sean más visibles sus trabajos, que se les dé más valor a las mujeres agricultoras”, dice.
Más allá de Argentina
Con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y del gobierno de Brasil, por medio de la Agencia Brasileña de Cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores (ABC/MRE), Graciela llevó su experiencia y conocimientos más allá de su comunidad. A través de proyecto +Algodón del Programa de Cooperación Sur-Sur Brasil-FAO, la agricultora tuvo la oportunidad de conocer a mujeres rurales de otros países de la región al incorporarse a la Red Latinoamericana de Mujeres del Algodón y compartir con ellas experiencias de producción, desafíos y aprendizajes.

Para ella, ese intercambio latinoamericano le ha permitido descubrir nuevas formas de cultivar y, al mismo tiempo, conocer las historias de mujeres que enfrentan desafíos incluso mayores. “Formar parte, conocer nuevas mujeres, con distintas historias de lucha, ha sido una experiencia que me ha motivado en diferentes ámbitos”, dijo.
Uno de los momentos que más la marcó fue su primer encuentro internacional, durante un viaje a Brasil, en el 2023, promovido por la cooperación entre la FAO y el Gobierno de Brasil. Allí, Graciela participó en la Marcha de las Margaritas, junto a mujeres rurales de Brasil, Colombia, El Salvador, Honduras y México, en una de las principales movilizaciones de mujeres rurales de América Latina.
El encuentro también tuvo un efecto en su propia comunidad. Después de participar en actividades internacionales, Graciela comenzó a recibir mayor atención de los medios de comunicación de su localidad. Para ella, esa visibilidad es importante porque una mujer que participa en un encuentro no representa solamente su propia historia. “Detrás de ella hay muchas mujeres”, afirma.
Nuevos desafíos, nuevas generaciones
Para la agricultora, la Red significa mucho más que aprender sobre producción. Cada 15 días, sus integrantes se reúnen para hablar de cuestiones económicas, como los precios de la fibra, por ejemplo. Las reuniones se han convertido también en una oportunidad para encontrarse, conversar sobre las dificultades del día a día, intercambiar experiencias y escuchar las historias de otras agricultoras. “Es muy lindo poder juntarnos y poder desahogarnos muchas veces contando las historias o anécdotas que hacemos de los días”, cuenta.

Según Graciela, la producción de algodón sigue enfrentando dificultades. Uno de los principales desafíos es el tiempo que transcurre entre la siembra y el momento de recibir el pago por la fibra. Sin embargo, con el apoyo de la Red RAMA, ella y las demás mujeres encontraron un mercado que garantiza la compra de su algodón, que continúa su recorrido dentro de la red hasta convertirse en hilo o en prendas.
La joven agricultora se siente motivada por la participación de las mujeres en la cadena del algodón, ya sea en la venta de la fibra, del hilo o de las prendas que producen. “Yo voy a seguir sembrando, voy a seguir ayudando”, explica. Su objetivo, dice, no es pensar solamente en sus propios ingresos, sino contribuir a que todas las mujeres puedan avanzar juntas.
El futuro en el campo también depende de la capacidad de incorporar a las nuevas generaciones. En su zona, algunas jóvenes se han acercado al cultivo del algodón, pero atraer a la juventud sigue siendo un desafío. Por eso, incluso ha convertido su propia casa en un espacio de aprendizaje, donde se han realizado capacitaciones sobre poda, manejo de alimentos y producción de cultivos destinados a la alimentación humana y animal.
Graciela es una agricultora que no solo cultiva su propia tierra, sino que también ayuda a abrir camino para otras agricultoras. Las semillas de algodón le han permitido conectarse con otras mujeres, construir una red y compartir su experiencia en otros rincones del mundo, más allá de las fronteras de su país.




