De Anteojito a Manuelita: cómo García Ferré construyó el universo infantil que atravesó generaciones
En el día en que Manuel García Ferré cumpliría años, el dibujante santiagueño Pablo Álvarez repasó en La Mañana de Info la historia de uno de los grandes referentes de la animación latinoamericana y recordó cómo personajes como Hijitus, Anteojito y Manuelita quedaron para siempre en la memoria de varias generaciones.

Este 8 de octubre, Manuel García Ferré volvería a soplar una vela más. El ilustrador, historietista y animador que creó personajes inolvidables para varias generaciones argentinas cumpliría años, y su legado volvió a la conversación en La Mañana de Info, donde el diseñador y dibujante de cómics santiagueño Pablo Álvarez repasó la historia de uno de los grandes nombres de la animación latinoamericana.
Álvarez lo definió directamente como “el Walt Disney latinoamericano” y destacó que su importancia excede ampliamente a los personajes que creó. García Ferré logró construir un universo propio que atravesó revistas, televisión y cine, pero que, sobre todo, consiguió instalarse en la memoria de varias generaciones.
Nacido en España y radicado desde muy joven en Argentina, García Ferré orientó gran parte de su obra hacia el público infantil. Fue el creador de personajes como Hijitus, Anteojito, Larguirucho, Petete y Trapito, entre muchos otros, y desarrolló una manera particular de contar historias para chicos sin subestimarlos.

Una revista que llegó a vender un millón de ejemplares
Para entender el fenómeno, Álvarez llevó la conversación a las décadas del 60 y 70. En una Argentina que todavía tenía menos de 30 millones de habitantes, las publicaciones infantiles podían alcanzar cifras de circulación difíciles de imaginar en la actualidad.
La revista Anteojito, creada por García Ferré, llegó a vender alrededor de un millón de ejemplares. Competía en ese mercado con publicaciones como Billiken, cada una con su propio público y una enorme presencia en los hogares argentinos.
Pero la propuesta de García Ferré iba más allá del entretenimiento. Sus publicaciones incluían historietas, cuentos y contenidos educativos, además de materiales como la recordada Biblioteca de Oro del Estudiante.
Para Álvarez, aquello representó una verdadera revolución: García Ferré entendió que la infancia podía ser un público masivo y, al mismo tiempo, exigente.
De las páginas a la televisión
El paso siguiente fue la animación. Álvarez recordó que los primeros antecedentes de la animación argentina estuvieron ligados a figuras como Dante Quinterno, creador de Patoruzú, quien incluso trabajó en Estados Unidos con Disney antes de abandonar posteriormente el camino de la animación.
En ese contexto, García Ferré comenzó a desarrollar su propio universo animado. Cuando Hijitus logró tener su revista propia, llegó también la serie televisiva, que se convirtió en uno de los grandes fenómenos de la animación argentina.
El universo de Hijitus, con personajes como Larguirucho, Neurus, Pucho y Cachavacha, terminó formando parte del lenguaje cotidiano de varias generaciones.
Décadas después, García Ferré continuaría expandiendo su obra hacia el cine. En los años 80 y 90 llegaron películas como Manuelita e Ico, el caballito valiente, demostrando que aquellos personajes y mundos podían seguir encontrando nuevos públicos.
Personajes atravesados por historias difíciles
Pero para Álvarez, hay otra dimensión de García Ferré que suele quedar escondida detrás de la nostalgia: el origen y la dureza de muchas de sus historias.
Aunque sus personajes estaban destinados principalmente a los chicos, no todos provenían de mundos ideales. Había personajes con conflictos, carencias, dificultades y situaciones de supervivencia. Esa dimensión, según explicó el dibujante, estaba atravesada por la propia historia de García Ferré y por una mirada sobre una infancia que no siempre era sencilla.
Quizás allí esté una de las razones por las que sus personajes lograron permanecer durante tanto tiempo. No eran solamente dibujos simpáticos: tenían problemas, deseos, contradicciones y una historia detrás.
A más de una década de su muerte, ocurrida en 2013, el universo de García Ferré continúa formando parte de la memoria cultural argentina. Y cada vez que aparecen Hijitus, Anteojito, Larguirucho o Manuelita, también reaparece una parte de aquella infancia que el dibujante convirtió en historieta, televisión y cine.
Este 8 de octubre, su cumpleaños vuelve a ser una excusa para recordar que hubo un hombre que no solamente dibujó personajes: construyó un universo en el que millones de argentinos aprendieron, se entretuvieron y crecieron.




