¿Qué hay detrás de la avalancha de colados en las fiestas de 15? Denuncian un peligroso negocio paralelo
Gustavo Garbi, gerente del salón Reina Nadima de La Banda, habló en La Mañana de Info sobre una problemática que se repite los fines de semana. Los costos de los eventos, la venta de entradas para fiestas ajenas y los espacios que funcionarían sin controles, entre las causas que señaló.

Organizar una fiesta de 15 cuesta cada vez más, las listas de invitados se achican y los famosos “colados” parecen multiplicarse. Pero detrás de este fenómeno hay algo más que jóvenes que intentan entrar a una celebración sin invitación: también hay un negocio que crece y una competencia que los salones habilitados consideran desigual.
Así lo explicó Gustavo Garbi, gerente encargado del salón Reina Nadima de La Banda, durante una comunicación con La Mañana de Info. Con 40 años de experiencia en el rubro y 21 al frente del establecimiento, aseguró que vive esta situación prácticamente todos los fines de semana y apuntó a tres razones que ayudan a entender lo que está pasando.
Fiestas más chicas y gente que queda afuera
La primera explicación tiene que ver con el bolsillo. Entre la comida, las bebidas, la fotografía y los demás servicios, organizar una fiesta de 15 se volvió cada vez más caro.
“Antes los eventos superaban las 150 personas. Hoy el costo de los eventos hace que sea muy difícil hacer una fiesta como las de antes”, contó Garbi.
Según explicó, muchas celebraciones pasaron a tener entre 80 y 100 invitados en la lista oficial. El problema es que las familias suelen querer invitar a más gente, pero no siempre pueden afrontar el costo de sumar otros 40 o 50 comensales.
Así aparece la famosa lista post cena: personas que no participan de la cena, pero llegan más tarde para sumarse a la fiesta. Garbi aclaró que esta modalidad existe desde hace muchos años, aunque advirtió que en el último tiempo tomó otra dimensión.
Cobraban $6.000 para entrar a una fiesta de 15 ajena
Lo que más le preocupa al empresario es que algunas fiestas terminan promocionándose como si fueran boliches, con entradas pagas y barra libre, sin que los responsables del salón estén al tanto.
Garbi recordó un episodio que ocurrió hace aproximadamente dos años. El personal de seguridad le avisó que había más de 100 personas esperando para entrar a una fiesta. Cuando se acercó a ver qué pasaba, se encontró con una situación que no esperaba.
“Una niña me dice: ‘A nosotros nos han cobrado $6.000 la entrada post cena con barra libre’”, relató.
Según contó, les habían prometido convertir la celebración en una especie de boliche y la cumpleañera habría compartido una entrada virtual para que pudieran ingresar.
La situación se resolvió con la intervención de la Policía, que despejó el lugar. Después, Garbi habló con los padres de la quinceañera, quienes, según su relato, le dijeron que no sabían lo que estaba pasando.
El empresario aclaró que no culpa automáticamente a la familia ni a la cumpleañera, pero cuestionó que se organicen estas convocatorias sin avisar a quienes tienen a cargo el salón.
“Es imposible permitir el acceso de toda esa gente porque no tengo el personal para controlar esa cantidad de gente”, explicó.
Además del desborde que puede generar la llegada de tantas personas, hay otra cuestión: se trata de fiestas de menores de edad, donde el expendio de alcohol a menores está prohibido. Un incumplimiento puede traer sanciones y hasta la clausura del establecimiento.
La denuncia más fuerte: las fincas les hacen competencia desleal
El tercer punto que puso sobre la mesa Garbi es la competencia de las fincas que se alquilan para fiestas y que, según denunció, funcionarían sin las mismas habilitaciones y controles que se les exigen a los salones formales.
El empresario explicó que mantener un salón habilitado implica cumplir con requisitos de bromatología, seguridad, tasas municipales, cobertura médica y otras obligaciones que terminan encareciendo el servicio.
Del otro lado, aseguró, hay fincas que ofrecen el espacio por unos $150.000 y dejan a disposición un operario durante la noche, sin afrontar necesariamente las mismas exigencias.
“Hay una competencia desleal en este momento”, sostuvo.
Para Garbi, la diferencia de costos pone en desventaja a los salones que cumplen con los requisitos. Mientras unos deben asumir gastos de habilitación, controles y personal, otros pueden ofrecer precios mucho más bajos.
El señalamiento abre una discusión que va más allá de los colados: qué controles existen sobre los espacios donde se realizan eventos privados y si todos compiten bajo las mismas condiciones. La situación de cada finca, de todos modos, debe verificarse en particular, ya que no todas necesariamente funcionan de manera irregular.
“Señores, lista post cena no se permite”
A pesar de este escenario, Garbi aseguró que sigue trabajando con fiestas todos los fines de semana. Su estrategia es hablar claro con las familias desde el primer momento y dejar establecidas las reglas para evitar problemas durante la celebración.
“Yo elijo no esconderle nada a la familia. Le soy claro desde el día uno: ‘Señores, lista post cena no se permite’”, afirmó.
Entre los costos cada vez más difíciles de afrontar, las convocatorias que se convierten en fiestas paralelas y la competencia de espacios que, según denuncian desde el sector, no están sometidos a los mismos controles, los salones buscan cómo sostener su actividad sin perder de vista algo fundamental: la seguridad de quienes participan de cada evento.




