En una entrevista con The Wall Street Journal, el presidente de los Estados Unidos rechazó las versiones sobre su deterioro físico y mental. Reveló que toma una dosis de aspirina mayor a la recomendada y que su “edad cardíaca” es de 65 años según inteligencia artificial.
A sus 79 años, Donald Trump se mantiene como el presidente en funciones con mayor edad en la historia de los Estados Unidos, un factor que ha puesto su estado físico bajo la lupa pública. Ante las crecientes especulaciones, el mandatario rompió el silencio y atribuyó su vitalidad a una “herencia genética privilegiada”.
Desafío a las recomendaciones médicas
Trump abordó con franqueza su rutina diaria de salud, revelando que consume 325 miligramos de aspirina por día para “mantener la sangre fluida”. Esta decisión marca un claro desafío a sus facultativos, quienes le recomendaron reducir la dosis a los 81 miligramos habituales para su rango etario.
Asimismo, el presidente reconoció padecer insuficiencia venosa crónica, una condición por la cual se le indicó el uso de medias de compresión; sin embargo, admitió haber abandonado el tratamiento por resultarle “incómodo”. Respecto a su dieta, Trump no ocultó su preferencia por la comida rápida y descartó cualquier tipo de entrenamiento físico convencional, calificando de “aburridas” las rutinas de ejercicio que no sean el golf.
El reporte oficial vs. la visión del entorno
A pesar del estilo de vida del mandatario, su médico personal, el capitán de la Marina Sean Barbabella, presentó informes alentadores basados en una tomografía computarizada realizada en octubre. Según el profesional, los análisis procesados por inteligencia artificial arrojaron que la “edad cardíaca” de Trump equivale a la de una persona de 65 años, definiendo su estado de salud general como “excepcional”.
No obstante, esta versión oficial contrasta con los testimonios de colaboradores cercanos, quienes mencionaron signos propios del envejecimiento: fragilidad cutánea: se ha notado una piel más delgada y sensible, dificultades auditivas, en reuniones privadas, el personal se ve obligado a elevar el tono de voz para que el mandatario escuche con claridad y somnolencia: versiones externas indican posibles episodios de cansancio en actos oficiales, algo que Trump rechazó tajantemente.
Con su particular estilo, el republicano minimiza cualquier señal de desgaste y asegura estar en plenas condiciones para liderar la Casa Blanca. Sin embargo, el contraste entre su dieta, la falta de ejercicio aeróbico y el uso de medicación fuera de protocolo médico continúa alimentando el debate sobre la transparencia de la salud presidencial en la potencia del norte.
