Teherán atraviesa su crisis más profunda en años. Mientras el número de víctimas fatales asciende a 538, el régimen de los ayatolás impone un apagón digital total para ocultar una ofensiva que ya suma más de 10.000 detenciones.
Irán se encuentra sumido en una espiral de violencia y descontrol. Lo que comenzó a finales de diciembre de 2025 como una serie de huelgas de comerciantes por el colapso económico (inflación superior al 42% y devaluación del rial), ha escalado hasta convertirse en un levantamiento nacional que exige el fin del sistema teocrático.4 La respuesta del gobierno ha sido una represión que organizaciones de derechos humanos califican de “masacre”.
El balance de la tragedia
Según el último reporte de la ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), la cifra de fallecidos ha alcanzado los 538, entre los que se incluyen manifestantes y al menos 48 miembros de las fuerzas de seguridad. La magnitud de la tragedia se hace visible en el Centro Médico Forense de Kahrizak, en Teherán, donde imágenes verificadas muestran decenas de cuerpos en bolsas negras alineados en el exterior ante la falta de espacio.
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Muertos: 538 (estimación HRANA).
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Detenidos: Más de 10.600 personas en 14 días.
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Alcance: Protestas en más de 100 ciudades y 31 provincias.

Apagón digital total
Desde el 8 de enero de 2026, el régimen ha implementado un bloqueo casi total de internet (la conectividad externa cayó al 1%). Según NetBlocks, este apagón busca impedir la organización ciudadana y la difusión de videos que evidencian el uso de fuego real contra civiles.
A pesar del cerco, se han filtrado imágenes —presuntamente vía satélites Starlink— que muestran a manifestantes en el barrio de Punak desafiando el control estatal con luces de celulares y consignas como “¡Muerte al dictador!”.
Reacción Internacional y amenazas de guerra
La comunidad internacional observa con alarma. El secretario general de la ONU, António Guterres, se declaró “impactado” y exigió el fin del uso de fuerza desproporcionada. Por su parte, el presidente de EE. UU., Donald Trump, manifestó su apoyo a las marchas, mientras fuentes de la Casa Blanca sugieren que se evalúan desde ciberataques hasta ofensivas militares.
El régimen ha endurecido su retórica, advirtiendo que cualquier intervención externa convertirá a las bases estadounidenses e israelíes en “objetivos legítimos”. El presidente Masoud Pezeshkian y otros funcionarios han tildado a los manifestantes de “terroristas” y “alborotadores” instigados por potencias extranjeras.
Estrategias de resistencia
Ante la vigilancia con drones y la fuerte presencia policial, los activistas han adoptado tácticas de reuniones dispersas y de corta duración para evadir arrestos masivos. Sin embargo, con los depósitos forenses desbordados y las comunicaciones cortadas, las organizaciones humanitarias advierten que el mundo podría estar ante el inicio de una fase de represión aún más sangrienta.
