Se trata de la cifra de víctimas más alta desde la Revolución de 1979. Organizaciones de Derechos Humanos denuncian más de 16.000 detenciones mientras el régimen teocrático intenta sofocar las protestas con cortes de comunicación y violencia estatal.
La crisis en Irán ha alcanzado niveles de violencia sin precedentes en la historia moderna del país. Según un informe de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), al menos 2.000 personas han muerto y más de 16.000 han sido detenidas desde el inicio de las protestas antigubernamentales a finales de diciembre.
La magnitud de la represión es cuatro veces superior a la registrada durante las movilizaciones por la muerte de Mahsa Amini en 2022, lo que refleja un quiebre profundo entre la sociedad y el sistema teocrático liderado por el ayatolá Alí Jamenei.
Un escenario de guerra civil y control social
Las manifestaciones, que comenzaron por el descontento ante la crisis económica, mutaron rápidamente en una rebelión abierta contra el régimen. En las calles de Teherán se multiplican los grafitis que piden la muerte del líder supremo —un delito castigado con la pena capital— y se registran ataques a bancos y oficinas gubernamentales.
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Víctimas fatales: Del total de fallecidos, 1.850 eran manifestantes, 135 simpatizantes del gobierno, y se confirmó la muerte de nueve niños.
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Comunicaciones: Tras días de apagón digital, este martes se restableció parcialmente la telefonía móvil para llamadas internacionales, aunque el control estatal sigue siendo férreo.
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Violencia en las calles: Testigos denuncian que agentes de seguridad vestidos de civil detienen transeúntes al azar en un intento por infundir terror y disuadir las concentraciones.
La advertencia de Donald Trump
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha adoptado un rol activo en el conflicto. A través de sus redes sociales, envió un mensaje directo a los manifestantes: “No se detengan, tomen el control de su país. La ayuda está en camino”.
Trump anunció la cancelación de cualquier reunión con funcionarios iraníes hasta que cese el “asesinato sin sentido” y advirtió sobre represalias económicas y arancelarias para quienes comercien con Teherán. Aunque no detalló en qué consistirá la “ayuda” prometida, el tono del mandatario estadounidense eleva la posibilidad de una intervención más directa o un bloqueo total.
Pese a la retórica incendiaria, el canciller iraní Abbas Araghchi admitió que mantiene un canal de comunicación abierto con el enviado estadounidense Steve Witkoff. Sin embargo, Araghchi calificó las amenazas de Washington como “incompatibles” con un diálogo constructivo, mientras el régimen intenta sostener su estructura de poder ante la amenaza más seria a su estabilidad en décadas.
