ENERO | Liderar en modo verano: presencia, continuidad

**Por Cecilia Inés Russo

Liderar sin rigidez, pero con marco

Enero trae consigo algo más que ausencias y rotaciones.

También trae un cambio sutil en las formas: horarios más flexibles, encuentros menos formales, conversaciones más distendidas. El clima se relaja y, con él, ciertas estructuras que durante el año sostienen el funcionamiento cotidiano.

Este escenario puede ser una oportunidad… o una fuente de confusión.

Cuando la informalidad aumenta, algunos equipos se sienten más cómodos, más cercanos, más humanos. Otros, en cambio, empiezan a desordenarse, a perder foco o a entrar en una ambigüedad incómoda donde ya no está claro qué se espera de quién. En estos casos, el desafío no es “volver al control”, sino sostener el marco sin endurecerlo.

Liderar en modo verano no implica dejar todo librado a la espontaneidad.

Implica cuidar los límites esenciales, aun cuando las formas se vuelven más laxas.

El riesgo de este tiempo no está en la cercanía, sino en la falta de referencias. Cuando no hay claridad sobre prioridades, decisiones y acuerdos, la informalidad deja de ser alivio y se transforma en ruido. Y el ruido, en los equipos, siempre se paga con desgaste.

El liderazgo consciente sabe leer esta tensión. No necesita reforzar autoridad ni marcar presencia desde la rigidez. Su tarea es otra: recordar el para qué, sostener conversaciones claras y ofrecer un marco simple que ordene sin asfixiar.

En enero, ese marco suele ser más liviano, pero no inexistente.

Se expresa en acuerdos explícitos, en prioridades bien dichas, en límites cuidados con respeto. Se expresa también en la coherencia del propio líder: si el mensaje es flexibilidad, pero las exigencias siguen siendo las mismas, el equipo lo percibe rápidamente.

La informalidad bien acompañada fortalece los vínculos.

La informalidad sin marco los desgasta.

Por eso, liderar en este tiempo requiere una presencia atenta: disponible para escuchar, clara para decidir, cuidadosa para intervenir solo cuando es necesario. No todo desorden requiere corrección; no toda tensión necesita urgencia. Saber discernir es parte del liderazgo maduro.

Enero ofrece una escena privilegiada para observar esto. Muestra con claridad qué necesita estructura y qué puede fluir, qué acuerdos están vivos y cuáles solo se sostienen por hábito. Quien sabe mirar, aprende.

Liderar sin rigidez no es liderar sin límites.

Es liderar con criterio.

Y cuando el liderazgo logra sostener el marco con suavidad, el equipo atraviesa este tiempo con mayor bienestar, más claridad y mejores bases para el regreso a la plena actividad.

Porque incluso en modo verano, el liderazgo sigue siendo presencia, cuidado y sentido.

Cecilia Inés Russo

Master Coah Ontológico Profesional

Aqui&Ahora Coaching y Consultoría

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