La relación entre el PRO y La Libertad Avanza (LLA) atraviesa su momento más crítico desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Aunque el macrismo acompañó al Presidente desde el primer día, el vínculo estuvo marcado por avances y retrocesos que terminaron profundizándose hacia el cierre del año legislativo 2025.
La alianza formal entre ambos espacios recién se selló a nivel nacional para las elecciones legislativas de octubre, luego de varios intentos fallidos. Sin embargo, con la nueva conformación del Congreso reaparecieron viejas diferencias que llevaron al PRO a marcar distancia y reafirmar su independencia política.
Ese escenario de desconfianza mutua se mantiene en este 2026, en la antesala de un debate clave en el Congreso: la reforma laboral impulsada por el Gobierno. Si bien La Libertad Avanza logró convertirse en la primera minoría tras dos años de gestión con clara desventaja parlamentaria, todavía necesita del acompañamiento de aliados para convertir la iniciativa en ley.
Desde el PRO anticipan que no habrá un respaldo automático. “Ahora vamos a acompañar las cosas que coincidimos y en las que no, nos vamos a poner firmes para hacer escuchar nuestra postura”, señalaron desde el bloque.
En ese marco, reconocen que una modernización laboral es necesaria. “El sistema actual claramente no está dando respuestas: tenemos casi la mitad de los trabajadores en la informalidad y un esquema que desalienta la creación de empleo formal. En ese contexto, discutir una reforma no solo es razonable, sino urgente”, sostuvieron.
No obstante, también marcaron reparos sobre los tiempos y las formas. “Este tipo de cambios no se pueden abordar de manera apresurada. Hay que analizar el proyecto punto por punto y ver qué herramientas realmente ayudan a generar empleo genuino”, advirtieron. Además, remarcaron que la postura definitiva dependerá del texto que llegue desde el Senado a la Cámara de Diputados.
Dentro de la iniciativa, el PRO rescata algunos puntos positivos, como la regulación del trabajo en plataformas digitales. “Valoramos que se haya tomado como base el proyecto que impulsó el PRO, porque reconoce una realidad que hoy está completamente desregulada y avanza hacia la formalización, con reglas claras para trabajadores y empleadores”, destacaron.
El objetivo de fondo, explicaron, es reducir la informalidad laboral, generar condiciones para que las pymes puedan contratar sin temor y poner fin a la industria del juicio laboral, que consideran perjudicial tanto para el empleo como para la producción.
“La modernización laboral es necesaria, pero debe hacerse con responsabilidad, diálogo y sin atajos. El acompañamiento va a depender de que la reforma apunte realmente a más empleo formal, previsibilidad y desarrollo”, concluyeron desde el bloque.
Una interna que viene de arrastre
Las tensiones entre el PRO y LLA se profundizaron tras el conflicto por los cargos en la Auditoría General de la Nación, cuando el macrismo denunció un acuerdo entre los libertarios y el kirchnerismo. “Dejamos de ser aliados”, afirmaron por entonces desde el bloque que conduce Cristian Ritondo.
Si bien con el correr de los días el foco comenzó a ponerse en lo que viene, el malestar persiste. “Fue muy duro lo que pasó en el Congreso, fue un claro retroceso en la relación”, reconoció un referente del PRO bonaerense, aunque aclaró que no es sencillo romper vínculos, especialmente en la provincia de Buenos Aires.
Allí el escenario es distinto: sin una alianza entre ambos espacios, el camino electoral se vuelve cuesta arriba. Por eso, el PRO apunta a repetir el acuerdo en 2027, con Diego Santilli como candidato a gobernador dentro de una coalición con LLA.
A nivel nacional, en cambio, las posturas siguen divididas. “Hoy estamos en un limbo”, admitió un histórico dirigente del PRO. Aunque el malestar con los libertarios persiste, nadie parece dispuesto a dar un portazo definitivo.
