El gasto público cayó un 27% y la economía no reacciona

La estrategia de estabilización macroeconómica del Gobierno nacional muestra dos caras opuestas: mientras los indicadores financieros exhiben cierto orden, la economía real se encuentra en un estado de estancamiento profundo. Según un reporte de la Agencia Noticias Argentinas basado en datos del IAG, el gasto público real sufrió un desplome del 27% respecto al año pasado, consolidándose como el ajuste más drástico desde la crisis de 2001.

El informe detalla que el equilibrio fiscal alcanzado no es producto de una mayor eficiencia, sino de un recorte sin precedentes en áreas clave. El superávit primario se explica fundamentalmente por: Una caída del 75% en la inversión pública durante el último semestre, lo que mantiene paralizada la infraestructura nacional; un recorte superior al 70% en las transferencias a las provincias, tensando la relación con los gobernadores y la virtual desaparición de la obra pública como motor de empleo.

Consumo en “cuotas” e industria en rojo

En las góndolas, la realidad es crítica. Las ventas en supermercados registran caídas de dos dígitos, y el consumo muestra un fenómeno preocupante: se sostiene casi exclusivamente mediante el uso de tarjetas y crédito. Esto indica que las familias están financiando gastos corrientes (comida y limpieza) ante la pérdida de poder adquisitivo del salario frente a los precios.

Por otro lado, la actividad productiva no da señales de recuperación. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) arrojó un crecimiento “casi nulo”, con la industria y la construcción —los dos sectores que más empleo generan— todavía sumergidos en niveles recesivos.

A pesar del frío en la calle, el Banco Central (BCRA) ha logrado cierta calma cambiaria. Tras el pago a bonistas del pasado 9 de enero —financiado parcialmente con un préstamo “repo” de bancos por USD 4.900 millones—, la entidad retomó la compra de divisas. En lo que va de enero, el BCRA ya acumuló USD 900 millones, un dato que el Gobierno utiliza como bandera de confianza, aunque el mercado sigue atento a la fragilidad de estas reservas.

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