El archipiélago filipino se encuentra conmocionado tras el hundimiento del M/V Trisha Kerstin 3, ocurrido en la madrugada de este lunes en aguas cercanas a la provincia de Basilán. Hasta el momento, las autoridades han confirmado la muerte de siete personas, mientras que 144 continúan desaparecidas en las profundidades del Mar de Joló.
El ferry, que realizaba una ruta comercial y de pasajeros, sufrió aparentes problemas técnicos que provocaron su hundimiento en plena oscuridad. El despliegue de emergencia ha sido masivo; rescatados: 215 personas lograron ser puestas a salvo gracias a la intervención de la Guardia Costera, la Armada y barcos pesqueros que se sumaron a la búsqueda. En la zona del desastre; los sobrevivientes y los cuerpos recuperados fueron trasladados a Isabela, capital de Basilán, donde se improvisaron centros de atención en los muelles. Afortunadamente, las condiciones meteorológicas son favorables, lo que permite que los buzos y las patrullas marítimas trabajen con mayor visibilidad.
Un historial de negligencia y catástrofes
Este accidente no es un hecho aislado. Filipinas ostenta una de las tasas de siniestralidad marítima más altas del mundo debido a factores recurrentes, primero por falta de mantenimiento, gran parte de la flota interinsular es obsoleta, sobrecarga, ya que es común que las listas de pasajeros no coincidan con la cantidad de personas a bordo y las normativas laxas, ya que en 2021 se registraron 214 accidentes, la cifra más alta en un lustro. El país aún recuerda el incendio del MV Lady Mary Joy 3 en marzo de 2023 (30 muertos) y la catástrofe del MV Doña Paz en 1987, donde murieron más de 4.300 personas, siendo el mayor desastre marítimo en tiempos de paz.
El comandante de la Guardia Costera, Romel Dua, confirmó que se ha iniciado un sumario para determinar si el M/V Trisha Kerstin 3 contaba con las habilitaciones técnicas necesarias y si la tripulación cumplió con los protocolos de evacuación tras la falla técnica inicial.
