El historiador, profesor y escritor, Esteban Brizuela se refirió a la polémica generada por la decisión del presidente Javier Milei de retirar el sable corvo del general José de San Martín del Museo Histórico Nacional (MHN) para trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo. Lo hizo durante una entrevista en La Mañana de Info (Info Stream), donde aportó una mirada histórica y crítica sobre la medida impulsada por el Poder Ejecutivo.
El debate se intensificó luego de que la Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH) expresara un fuerte rechazo a la disposición oficial, reclamando su revisión inmediata. Desde la entidad advirtieron que el cambio de custodia vulnera criterios históricos, técnicos y museológicos consolidados desde hace más de un siglo.
En ese contexto, Brizuela remarcó que San Martín es “el prócer” y recordó que el sable fue donado específicamente al Museo Histórico Nacional. “La donación fue con cargo, es decir, se donó para que esté en el MHN. Eso no puede modificarse por decreto; lo único que podría pasar es que los herederos lo soliciten”, explicó.
San Martín se lo entregó a Rosas
El historiador repasó además el recorrido histórico del sable corvo. Recordó que en 1844, San Martín lo legó en su testamento a Juan Manuel de Rosas, y que décadas más tarde pasó a formar parte del patrimonio del MHN. También mencionó el robo del arma ocurrido entre 1963 y 1965, durante la presidencia de Arturo Illia, cuando fue sustraída por un grupo de la juventud peronista como forma de protesta.
Brizuela señaló que en 2015 se concretó el traslado del sable nuevamente al Museo Histórico Nacional y que ahora, en 2026, surge la información sobre un decreto que impulsa su regreso al Regimiento de Granaderos a Caballo. “El 15 de febrero vamos a ver qué sucede. El presidente quiere llevarlo a donde él cree que debería estar”, indicó.
Finalmente, el historiador sostuvo que la reacción del ámbito académico no puede analizarse como un hecho aislado. “No hay que ver la escena, sino la película completa”, afirmó, y vinculó la medida con un proceso más amplio de “hostigamiento permanente” hacia las humanidades y las ciencias sociales, el desfinanciamiento de las universidades y los cambios en la conducción de museos nacionales. “Pareciera que es una provocación más. Para entender esto hay que entender de dónde venimos”, concluyó.
