Rocío Cruz Álvarez es una médica argentina que se encuentra desde hace un año y medio en Corea del Sur, cursando una maestría gracias a una beca internacional que atrae a estudiantes de todo el mundo. La experiencia, confiesa, fue desafiante al principio. “Cuesta habituarse”, dice, recordando que en 2023 había visitado el país como turista por un mes, pero vivir allí es “otra cosa”. El clima, con temperaturas que pueden llegar a 15 grados bajo cero, junto a una cultura con códigos y jerarquías distintos, exigió un proceso de adaptación. “Hay honoríficos al hablar, y nadie dice todo lo que piensa”, describe. Aun así, destaca facilidades como el transporte eficiente y el internet rapidísimo, que hacen la vida cotidiana más cómoda.
Desde su lugar como extranjera, Rocío observó con fascinación cómo la cultura pop local, especialmente el K-pop, se transformó en un fenómeno global profundo. Dentro de ese universo, uno de los ejemplos más claros es BTS, el grupo surcoreano que ha marcado una etapa en la música contemporánea.
BTS, también conocidos como Bangtan Sonyeondan o Beyond the Scene, debutaron en 2013 y están compuestos por siete integrantes: RM, Jin, Suga, j-hope, Jimin, V y Jungkook. Después de varios años de éxito global, el grupo entró en pausa colectiva debido al servicio militar obligatorio en Corea del Sur, que todos sus miembros completaron paulatinamente hasta 2025. Concluido ese proceso, anunciaron su regreso con un nuevo álbum para marzo de 2026 y una gira mundial que recorrerá múltiples países, incluida Argentina, donde tienen fechas programadas en Buenos Aires en octubre, en el marco de su BTS World Tour.

Rocío explicó que BTS es más que una banda: es un producto cultural y una industria estructurada. “En Corea, incluso la formación de los artistas es similar a cómo se entrena a un atleta: niños desde los 10 años reciben entrenamiento intenso en danza, canto, composición”, relata. Para ella, esto marca una diferencia con la escena musical en Argentina, donde los grupos muchas veces surgen de amistades más espontáneas: “BTS y el K-pop son un producto hiper-refinado que surgió en los ’90 y evolucionó con la industria”, señala.
El fenómeno BTS no solo tiene impacto musical, sino también cultural y económico. El grupo ha sido uno de los actos de K-pop más exitosos globalmente, con récords de reproducciones digitales y presencia en listas internacionales, y su regreso tras la pausa militar fue ampliamente anticipado tanto por sus seguidores como por los medios especializados.
Otro aspecto que Rocío destaca es la letra y el mensaje de las canciones de BTS, que muchas veces abordan temas como autoestima, amor propio y superación, lo que —dice— ha generado un vínculo con audiencias diversas, incluidas madres, adolescentes y adultas mayores dentro del fandom conocido como ARMY. “Hay mamás, abuelas y hijas, todos conectados”, afirma, refiriéndose a cómo la música traspasa generaciones.
Sin embargo, reconoce que no todo es positivo: dentro de cualquier comunidad global también existen tensiones y comportamientos extremos, y en el caso del K-pop algunos sectores del fandom pueden volverse “muy intensos”. Aun así, para ella esto refleja la forma en que la música, la disciplina artística y una narrativa emocional pueden conectar a millones de personas alrededor del mundo.
