Chubut bajo fuego: las lluvias fueron insuficientes y la emergencia forestal no da tregua

La situación de los incendios forestales en la provincia de Chubut se mantiene en un estado crítico pese a la llegada de precipitaciones recientes. Si bien el agua trajo un alivio momentáneo que permitió a las cuadrillas avanzar sobre ciertos puntos calientes, los registros de entre 6 y 7 milímetros resultaron escasos para extinguir las llamas que persisten en las zonas más elevadas. Actualmente, más de 500 brigadistas trabajan en un operativo de gran magnitud en la Cordillera, concentrando sus esfuerzos en la ruta provincial 71 para evitar que el fuego alcance áreas pobladas y rutas estratégicas.

El escenario meteorológico complica las tareas de control, ya que tras un breve periodo de baja temperatura, el cielo se despejó y el calor volvió a intensificarse. La ausencia de viento es el único factor favorable en este momento, dado que no se esperan nuevas lluvias hasta la próxima semana. Esta ventana de tiempo seco obliga a las autoridades a priorizar el uso de medios aéreos, especialmente en las zonas de difícil acceso donde el personal terrestre no puede ingresar debido a la inestabilidad del suelo, los desprendimientos de rocas y la caída de árboles quemados.

Hasta la fecha, el desastre ambiental ya consumió más de 50 mil hectáreas, afectando gravemente al Parque Nacional Los Alerces, Cholila, la Comarca Andina y las cercanías de Esquel. La preocupación de los especialistas se centra ahora en la protección de Villa Futalaufquen y Villa Rivadavia. Además de la destrucción del bosque nativo y viviendas, la sequía prolongada ha reducido los caudales de agua disponibles para el combate, obligando a los equipos de emergencia a buscar alternativas logísticas para el reabastecimiento de las unidades de ataque.

El combate, que ya supera los 50 días ininterrumpidos, enfrenta un peligro invisible: el fuego subterráneo en zonas de turba. Este fenómeno permite que el incendio avance por debajo del suelo y resurja días después, incluso si la superficie parece controlada. Brigadistas y vecinos describen un panorama desolador marcado por el desplazamiento de la fauna local y la pérdida irreparable de ecosistemas, advirtiendo que, sin lluvias abundantes, el riesgo de reactivación ante cualquier ráfaga de viento sigue siendo extremo.

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