La foto que sembró miedo y convirtió al Hombre de la Bolsa en leyenda

La imagen impacta todavía hoy, aun después de más de cien años. Muestra a un hombre de pie, solo, con ropas gastadas, manos curtidas y una bolsa de tela sostenida con firmeza. No hay rasgos monstruosos ni ferocidad en su mirada: hay cansancio, pobreza y una vida marcada por la intemperie. Sin embargo, esa fotografía fue durante décadas presentada como la prueba de la existencia del Ucumar, también conocido como el Hombre de la Bolsa.

La imagen fue publicada por la revista Caras y Caretas el 7 de septiembre de 1901 y recientemente restaurada por Mauricio Lamontanaro. En su momento, fue vinculada al rapto de una niña de 13 años en La Ramada y difundida como si retratara a una criatura mitad hombre y mitad bestia, propia del monte tucumano.

Con el paso del tiempo, la mirada cambia. Todo indica que el fotografiado era un peón rural o un hachero, un hombre marginado que sobrevivía en condiciones extremas. Su aspecto no respondía a lo sobrenatural, sino a la pobreza, el aislamiento y la exclusión social de la época.

Aun así, los medios de comienzos del siglo XX reforzaron la idea de un Norte peligroso y exótico, donde el mito servía para explicar lo que no se quería abordar desde lo social. Así nació y se consolidó la figura del Viejo de la Bolsa, un relato que se transmitió de generación en generación y que funcionó como advertencia para los niños, especialmente durante la siesta.

El origen de la leyenda fue analizado por el historiador Carlos Páez de la Torre (h), quien explicó que el término Ucumar proviene del quichua y refiere a un personaje supersticioso vinculado al rapto de mujeres y niños. En aquella causa, el hombre fue identificado como Pedro Ocampo, un ex convicto presentado como “salvaje” por la prensa de la época.

Hoy, esa misma fotografía expone otra verdad: no la de un monstruo, sino la de un hombre real, convertido en leyenda por el miedo, los prejuicios y una sociedad que prefirió el mito antes que enfrentar sus propias sombras.

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