*Por Walter Ortiz Vieyra
La “nueva” reforma laboral tiene en su revolucionaria redacción de la Ley de Contrato de Trabajo las siguientes disposiciones:
Pago al 50% del salario: si el empleador determina que la incapacidad para trabajar se originó en una “actividad voluntaria y consciente que implicara algún riesgo para la salud” —como lesionarse jugando al fútbol o practicando deportes de riesgo— el trabajador percibirá solo el 50% de su remuneración durante la licencia.
Pago al 75% del salario: en los casos donde no haya una actividad voluntaria riesgosa —por ejemplo, una gripe severa o un accidente imprevisto— el trabajador recibiría el 75% de su sueldo durante el período de licencia, lo que representa un recorte frente al esquema vigente.
Esta norma absolutamente abusiva de los derechos de los trabajadores, que si pensamos bien, no sólo tiene incidencia en el ámbito del trabajo, sino también en el tratamiento de la salud pública.
Esta pauta da por sentado de que existen padecimientos, patologías o circunstancias sobre las cuales las personas son culpables. Bajo esta perspectiva ir a un concierto, cine. Visitar a un enfermo en una clínica u hospital, etc. Significarían exponerse a un riesgo voluntario. Ni pensemos en accidentes de tránsito en los que se deberá probar de quien fue la infracción para no reducir el salario de quien no es culpable. Entonces, ¿quién determinará qué es un riesgo y qué no?
Todo esto por no pensar en patologías sobre las que socialmente ya cargan estigmas como son la Infecciones de Transmisión Sexual. El discurso sería: “contragiste una ITS porque no te cuidas, porque sos un promiscuo o promiscua, o tienes una vida disipada y licenciosa inclinada a la conscupiscencia”, así de moderna es la modernización.
Bajo este paradigma podrían penalizarse las prácticas sexuales de riesgo, diluyendo la responsabilidad de los participantes de dichas prácticas en actos deliberados de quien, en la mayoría de los casos, no conoce su serología. Por lo tanto, las prácticas sexuales que no tiendan a la mera reproducción podrían ser tildadas de “riesgosas” para la salud pública y, obviamente penalizadas, claro que de lleno caerían en esta categoría de inmoralidad, pecado y delito todas aquellas relaciones sexuales que no se encuentren dentro de las normas de la heterosexualidad, el buen vivir de los argentinos de bien y coso.
Podría parecer una exageración, pero también creímos una exageración que se destruyeran las políticas para prevenir la violencia de género, también exageramos cuando nos dijeron que los trabajadores veríamos nuestros derechos disminuidos, era una distopía pensar que la cienca y la cultura fueran ninguneadas como políticas de estado, etc, etc. etc.
Los totalitarismos se meten en la vida de las personas, comienzan despacio, van por derechos simples como los de expresión, los laborales, los de salud y terminan imponiendo la moral, torciendo la ética y cuando nos damos cuenta estamos en una hoguera a punto de ser quemados. Los totalitarismos se regodean en los morbos sexuales que no se atreven a cumplir hasta que lo hacen. Pier Paolo Pasolini en su célebre “Saló” retrató magistralmente a estas tiranías. ¿Qué esto también es una exageración? Puede ser, yo no lo creo, pero en la última escena de la película se plasma la indiferencia de las masas ante las atrocidades que cometen los gobernantes, así que si, puede ser una exageración.
*Wallter Ortiz Vieyra es escritor, actor comediante y cantante santiagueño
