El primer año del regreso de Donald Trump a al gobierno de Estados Unidos cerró con una noticia nada alentadora para Wall Street. La economía estadounidense perdió potencia mucho más rápido de lo que los expertos imaginaban.
Mientras el mercado esperaba un cierre de año sólido, los datos oficiales del Departamento de Comercio mostraron una realidad más austera, marcada por el impacto de los cierres presupuestarios y un consumo que empieza a mostrar señales de agotamiento.
El Producto Interno Bruto (PBI) se expandió a una tasa anualizada de 1,4% entre octubre y diciembre, muy por debajo del 2,5% que esperaba el mercado, de acuerdo con el consenso relevado por MarketWatch. En tanto, el crecimiento acumulado de todo 2025 fue de 2,2%, también inferior al 2,8% registrado en 2024.
Fiel a su estilo, el presidente Trump no tardó en buscar responsables. A través de su red Truth Social, el mandatario vinculó directamente la desaceleración con la parálisis administrativa que vivió el gobierno federal meses atrás. “El cierre demócrata le costó a Estados Unidos al menos dos puntos del PIB”, disparó y aprovechó para renovar su presión sobre la Reserva Federal (Fed).
El presidente volvió a apuntar contra Jerome Powell, exigiendo recortes de tasas de interés más agresivos para “inyectarle cafeína” a una economía que parece estar quedándose dormida.
Según el informe oficial, la economía estadounidense se topó con tres obstáculos principales en el último trimestre:
Menos gasto público: Los conflictos presupuestarios pasaron factura a la inversión estatal.
Exportaciones débiles: El dinamismo del comercio exterior perdió fuerza frente a un contexto global complejo.
Consumo cauteloso: Las familias de ingresos medios y bajos están sintiendo el peso de los precios y han empezado a cambiar sus hábitos, refugiándose en tiendas mayoristas y marcas blancas para hacer rendir el dólar.
El único punto brillante: La inversión privada, especialmente la vinculada a la Inteligencia Artificial, evitó que la caída fuera aún mayor.
La inflación
Para colmo de males, la inflación no termina de dar el brazo a torcer. El índice PCE (el indicador que la Fed mira con lupa) subió al 2,9% interanual en diciembre.
Esto pone a Jerome Powell en una posición muy incómoda: Trump le pide bajar las tasas para reactivar el crecimiento, pero la inflación por encima de lo esperado le sugiere que debe mantenerlas altas (3,50% – 3,75%) para evitar que los precios se disparen de nuevo.
