Cuando el futuro se vuelve visible: el lugar de los objetivos en los equipos

Por Cecilia Inés Russo. Master Coach Ontológico Profesional. Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

 

Si la visión responde al “hacia dónde vamos”
y la estrategia al “qué vamos a hacer para lograrlo”,
entonces aparece una tercera pregunta, más concreta y a veces más desafiante:

¿Cómo sabemos que estamos avanzando?

Ahí entran en escena los objetivos.

Muchas veces los objetivos generan resistencia. Se asocian con presión, control o exigencia. Sin embargo, cuando están bien comprendidos, los objetivos no son una carga: son una forma de volver visible el compromiso.

Un objetivo es un resultado que se puede ver

Un objetivo no es una intención general.
No es “mejorar”, “crecer”, “fortalecer” o “optimizar”.

Un objetivo es un resultado concreto que puede observarse.
Algo que, al finalizar un período, podamos decir: esto sucedió o esto no sucedió.

En ese sentido, los objetivos hacen algo muy valioso para los equipos:
transforman el deseo en evidencia.

Si la visión inspira y la estrategia orienta, el objetivo verifica.

Medir no es desconfiar, es aprender

A veces evitamos poner números o indicadores por temor a volver el trabajo frío o excesivamente técnico. Sin embargo, medir no significa deshumanizar. Significa crear criterios claros para evaluar avances.

Cuando un equipo acuerda objetivos medibles:

-reduce la ambigüedad,

-evita interpretaciones distintas sobre lo que significa “avanzar”,

y genera un marco común para evaluar resultados.

No se trata de medir para castigar.
Se trata de medir para aprender.

Un objetivo bien formulado no es una amenaza; es un acuerdo explícito sobre qué resultado queremos alcanzar.

Del discurso al compromiso

Sin objetivos, las conversaciones pueden quedarse en buenas intenciones. Con objetivos claros, aparece algo distinto: responsabilidad compartida.

Porque cuando el resultado esperado está definido, cada integrante puede preguntarse:
¿Qué aporto yo para que esto ocurra?

Los objetivos conectan la estrategia con la acción cotidiana.
Hacen que las grandes decisiones se traduzcan en logros concretos.

Objetivos claros, equipos más alineados

Un equipo alineado no es el que piensa todo igual, sino el que comparte claridad sobre lo que está buscando lograr.

Cuando los objetivos son visibles y comprensibles para todos:

.las prioridades se ordenan,

.los esfuerzos se coordinan,

y las conversaciones dejan de girar en torno a percepciones y comienzan a apoyarse en hechos.

No eliminan los desacuerdos, pero los encuadran.

Del horizonte al resultado

Podemos pensar el recorrido de este mes como una escalera:

Primero, la visión: el futuro que queremos crear.
Luego, la estrategia: las decisiones centrales que tomamos para avanzar hacia él.
Y finalmente, los objetivos: los resultados específicos que nos permitirán saber si vamos en esa dirección.

Sin visión, no hay sentido.
Sin estrategia, no hay foco.
Sin objetivos, no hay evidencia.

Y sin evidencia, el aprendizaje se diluye.

En estas semanas conversamos sobre visión, estrategia y objetivos. Tres palabras que no son técnicas, sino profundamente humanas. Primero miramos el horizonte. Luego definimos qué decisiones tomar para avanzar hacia él. Y finalmente acordamos qué resultados nos permitirán saber si estamos caminando en la dirección elegida. Cuando estos tres niveles están alineados, el trabajo deja de ser solo actividad y se convierte en construcción consciente de futuro. Y cuando un equipo puede sostener estas tres conversaciones —mirar, decidir y verificar— no solo organiza su año: fortalece su capacidad de aprender, ajustar y crecer juntos.

Compartir