En un clima de tensión política por el inminente debate de la reforma laboral en el Senado, el presidente Javier Milei atacó al “Círculo Rojo” industrial. A través de sus redes sociales, el mandatario disparó contra tres figuras clave del empresariado argentino, vinculándolos con lo que denomina “prácticas corporativas de privilegios”.
Fiel a su estilo, Milei utilizó apodos irónicos para identificar a los empresarios, a quienes acusó de ser funcionales a un sistema corrupto que “hundió a los argentinos de bien”.
El posteo del Presidente en la red social X no dejó lugar a dudas sobre quiénes son sus nuevos enemigos declarados. Por un lado, Paolo Rocca (CEO de Techint), a quien el jefe de Estado tildó “Don Chatarrín de los Tubitos Caros”.
A Javier Madanes Quintanilla, de Fate y Aluar, lo apodó “Don Gomita Alumínica” y a Roberto Méndez, de Neumen, lo llamó el “Señor Lengua Floja”. “Muchas gracias por este gran aporte al despertar de un país que, pese a estos delincuentes, quiere ser grande nuevamente. ¡VLLC!”, disparó el mandatario.
Si bien el enfrentamiento es general, la relación con el Grupo Techint atraviesa su punto más bajo debido a conflictos específicos de gestión que estallaron en los últimos meses.

En enero, Techint perdió una licitación clave para la exportación de gas de Vaca Muerta frente a una empresa de la India, lo que generó reclamos de la compañía que el Ejecutivo no estuvo dispuesto a ceder.
Bajo la influencia de Federico Sturzenegger, el Gobierno levantó la prohibición de exportar chatarra industrial. Esta medida perjudicó directamente a Techint, que solía ser el principal comprador local de este insumo a precios regulados.
Milei también sugirió que Rocca financia o promueve a economistas que alertan sobre un “atraso cambiario”, una postura que el Presidente considera un intento de presión para obtener una devaluación que favorezca sus exportaciones.
Un mensaje para el Senado
Al señalar a estos empresarios como beneficiarios de un modelo agotado, Milei busca presionar a los legisladores para que avancen con la reforma laboral. Según la visión oficial, el esquema actual de regulaciones no protege al trabajador, sino que garantiza la supervivencia de estas “estructuras corporativas” que el Presidente se ha propuesto desmantelar.
Este endurecimiento del discurso sugiere que, para la Casa Rosada, la negociación con el sector industrial tradicional ya no es una opción, apostando todo a una apertura económica que obligue a estos gigantes a competir sin el amparo del Estado.
