A 46 años del nacimiento del Colegio La Salle, la escuela que cambió la historia educativa de Campo Gallo

En el corazón del norte santiagueño, donde durante décadas el monte, el trabajo duro y las largas distancias marcaron el destino de muchas familias, un sueño comenzó a tomar forma a fines de la década del 70. Era la idea de crear una escuela distinta; una institución que ofreciera oportunidades a los jóvenes de una región donde estudiar, muchas veces, significaba tener que irse lejos.

Ese sueño empezó a hacerse realidad el 10 de marzo de 1980, cuando abrió sus puertas en Campo Gallo el Bachillerato Técnico La Salle, una institución educativa impulsada por el primer obispo de la Diócesis de Añatuya, Monseñor Jorge Gottau, quien veía en la educación una herramienta fundamental para transformar la vida de las comunidades más pobres y olvidadas del territorio.

La historia de esta escuela tiene, desde sus comienzos, un fuerte espíritu solidario. Su construcción fue posible gracias al aporte de diversas instituciones y benefactores. La empresa AION S.A. financió gran parte de la obra, mientras que otras entidades colaboraron con materiales, equipamiento y recursos que permitieron levantar un edificio moderno para la época, pensado especialmente para la formación técnica de los jóvenes.

Pero el proyecto necesitaba también educadores que asumieran el desafío de darle vida. Por eso, la dirección fue confiada a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle, una orden religiosa con larga tradición educativa fundada por San Juan Bautista de La Salle, dedicada a la formación de niños y jóvenes, especialmente de los sectores más humildes.

Los hermanos lasallanos aceptaron el desafío y comenzaron a organizar el funcionamiento de la nueva escuela técnica, que buscaba brindar a los jóvenes herramientas concretas para el trabajo, evitando así que muchos tuvieran que abandonar su tierra en busca de oportunidades.

El primer ciclo lectivo comenzó con 43 alumnos, de los cuales 19 eran externos y 24 internos, muchos de ellos hijos de hacheros y trabajadores rurales del departamento Alberdi. Para varios jóvenes de la región, esa escuela significó, por primera vez, la posibilidad de estudiar sin tener que alejarse de sus familias.

El primer equipo docente estuvo integrado por tres hermanos lasallanos: Pedro J. Gras, quien fue el primer rector, junto a sus auxiliares Francisco M. Hoffmann y Agustín Tentor. A ellos se sumaron docentes civiles que también marcaron los primeros pasos de la institución, entre ellos Heraldo Hoyos y Ramón Guerra.

La comunidad parroquial también acompañó desde el inicio este proyecto educativo. El padre Carlos P. Fernández colaboró como párroco, mientras que la hermana María Dolores, de la Santa Unión, cumplió funciones como secretaria de la institución.

La escuela contaba, además, con características poco comunes para la región en aquella época: aulas amplias, talleres técnicos, biblioteca, consultorio odontológico, espacios administrativos y hasta un pensionado para estudiantes del interior. Todo estaba pensado para ofrecer una formación integral a los jóvenes del norte santiagueño.

La inauguración oficial del establecimiento se realizó el 22 de junio de 1980, con la presencia del obispo de Añatuya, Monseñor Jorge Gottau, junto a autoridades provinciales —entre ellas el entonces gobernador César Fermín Ochoa— además de representantes de las instituciones que habían hecho posible la obra.

Con el paso de los años, el Bachillerato Técnico La Salle se consolidó como una institución educativa modelo en la región, formando generaciones de jóvenes que encontraron en sus aulas no solo conocimientos técnicos, sino también valores humanos, compromiso con la comunidad y esperanza de un futuro mejor.

Tiempo después, los hermanos lasallanos dejaron la conducción de la institución, pero la obra educativa continuó creciendo y adaptándose a las nuevas necesidades de la comunidad. En 2013, el Obispado de Añatuya retomó la conducción del establecimiento, que desde entonces pasó a llamarse Colegio Agrotécnico Virgen de Huachana, reafirmando su identidad local y su compromiso con la educación rural y productiva.

Hoy, a 46 años de aquel primer día de clases, la institución sigue siendo un pilar educativo para Campo Gallo y todo el departamento Alberdi. Miles de jóvenes han pasado por sus aulas, llevando consigo no solo una formación académica, sino también una historia compartida que forma parte de la memoria colectiva de la región.

Porque detrás de cada aniversario hay mucho más que una fecha: hay sueños, esfuerzo, vocación educativa y generaciones que encontraron en esta escuela una oportunidad. Hoy, el recuerdo de aquellos primeros pasos vuelve a cobrar vida.

Y la historia continúa.

¡Feliz aniversario, querido Colegio Agrotécnico Virgen de Huachana! 46 años educando para la vida a jóvenes de Campo Gallo y de todo el departamento Alberdi.

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