A solo tres días de cumplirse el 50° aniversario del último golpe de Estado, la región despide a una de sus luchadoras más incansables. Sara “Coca” Luján de Molina, figura emblemática de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia en Catamarca, falleció tras haber celebrado recientemente su centenario de vida. Su historia personal es un crudo testimonio del terrorismo de Estado: fue una de las primeras detenidas del régimen la misma noche del 24 de marzo de 1976, pasando un año en cautiverio por distintas cárceles y centros clandestinos como el Buen Pastor y Campo de la Ribera.
La vida de “Coca” estuvo marcada por la desaparición de su hijo, Raúl Mateo Molina Luján, estudiante de Arquitectura y dirigente estudiantil en Córdoba, secuestrado en octubre de 1976 y visto por última vez en el centro clandestino La Perla. Pese a las décadas de búsqueda y a los recientes hallazgos del Equipo Argentino de Antropología Forense en los terrenos de aquel campo de concentración, los restos de Raúl aún no han sido identificados, una herida que “Coca” mantuvo abierta hasta su último aliento, exigiendo al Estado el deber de devolver los cuerpos para cerrar el duelo de las familias.
Referentes políticos y sociales de todo el país, incluyendo al exsecretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla Corti, expresaron su pesar y destacaron que Coca participó de las reuniones de familiares hasta sus últimos días. Sus compañeros de la querella de La Perla la despidieron con la firme promesa de continuar la búsqueda de su hijo. En vísperas de un nuevo Día de la Memoria, la partida de esta Madre de Plaza de Mayo se convierte en un recordatorio de la urgencia de mantener viva la lucha por la justicia en el norte argentino.
