Meditación, escucha y segundas oportunidades: dos amigas llevan contención emocional al Penal de Mujeres

En un espacio atravesado por historias difíciles, silencios pesados y rutinas estrictas, dos mujeres decidieron abrir una puerta distinta: la de la escucha, la calma y la posibilidad de empezar de nuevo. Se trata de Sol Miranda y Melina Llugdar, voluntarias de la Fundación Rugby Inclusión, quienes impulsan talleres de meditación y contención emocional en el Servicio Penitenciario de Mujeres.

En diálogo con La Mañana de Info, ambas compartieron cómo nació esta iniciativa y el impacto profundo que viene generando en las internas. La fundación, explicaron, trabaja sobre cuatro pilares: deporte, educación, espiritualidad y trabajo. En ese marco, Sol encontró su lugar desde la meditación. “No sé hacer rugby, pero sí sé meditar. Y eso es lo que llevo”, contó.

Cada martes, de manera gratuita, ingresan al penal para coordinar encuentros que, lejos de ser una simple actividad recreativa, se convierten en verdaderos espacios de transformación. “Muchas de ellas no sabían ni qué era meditar. Al principio se acercaban por curiosidad o para salir un rato, pero después empezaron a involucrarse profundamente”, relató.

Historias que sanan

El trabajo no solo apunta a generar momentos de tranquilidad, sino también a promover procesos internos complejos, como el perdón. En ese sentido, Sol recordó una experiencia que la marcó: una interna que logró reconciliarse con su madre antes de su fallecimiento. “Venía de una historia muy dura, de una familia atravesada por la delincuencia. Y pudo decirle ‘te perdono’ antes de que muriera. Eso fue muy fuerte. Ahí entendés que vamos por buen camino”, expresó.

Además, destacaron que la meditación ayuda a disminuir tensiones dentro del penal y favorece la convivencia. Incluso lograron algo poco habitual: reunir en un mismo espacio a internas de distintos pabellones —provinciales y federales— que normalmente permanecen separadas por conflictos. “Se genera un clima de respeto y trabajo en equipo que no es común en ese contexto”, explicaron.

Un espacio que crece y convoca

Por su parte, Melina remarcó la alta participación que tienen los talleres. “Es el espacio con mayor convocatoria dentro del penal. Eso habla de la necesidad que hay”, señaló. Y agregó: “A veces uno cree que no tiene nada para aportar, pero ellas valoran muchísimo algo tan simple como compartir un mate o una charla”.

El compromiso de ambas es claro: continuar mientras las puertas sigan abiertas. También destacaron el acompañamiento de las autoridades penitenciarias, que permiten y valoran este tipo de propuestas.

La experiencia, coinciden, no solo transforma a las internas, sino también a quienes participan como voluntarias. Porque en un lugar donde muchas veces faltaron oportunidades, estos encuentros buscan, al menos, empezar a construir una.

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