En una tarde cargada de mística y recogimiento, cientos de fieles provenientes de diversos puntos de la provincia se congregaron en Boca del Tigre. El objetivo: acompañar a la imagen de la Virgen en el momento más desgarrador del calendario cristiano, la crucifixión y sepultura de Jesús. La ceremonia, que atraviesa generaciones, se vivió en un clima de absoluto respeto y silencio orante.
Uno de los símbolos más potentes de esta festividad es el manto oscuro que cubre a la Virgen. En él, los promesantes cuelgan pequeños dijes de metal que representan testimonios de fe: sanaciones, protección del hogar o agradecimientos por la prosperidad alcanzada. Cada objeto prendido en la vestidura de la imagen es una historia de resiliencia y esperanza cumplida.
La jornada contó con el tradicional Vía Crucis, guiado este año por Dolores Santucho, quien desempeña un rol fundamental en la organización y preservación de esta liturgia popular. Por su parte, Luis Alberto Alvarado, referente de la localidad, destacó ante la prensa la importancia de mantener vivas estas raíces que definen la identidad del lugar. “Es un compromiso de décadas cuidar esta imagen y recibir a los fieles que llegan con el corazón abierto”, señaló.

Un mensaje de esperanza
Al caer la noche, la celebración concluyó con un mensaje de unidad frente a las dificultades de la vida cotidiana. Boca del Tigre no solo cumplió con el rito, sino que reafirmó que la fe sigue siendo el pilar fundamental que sostiene a la comunidad santiagueña en tiempos de incertidumbre. Desde la organización ya extendieron la invitación para el próximo año, buscando que esta experiencia de paz y reflexión siga creciendo.
