La motivación, el combustible para trabajar mejor

Por el Lic. Victor H. Fernández Esp. en Dirección de Recursos Humanos Profesor Adjunto de Relaciones Humanas y Administración de Personal FHCSyS -UNSE Director de Adm Consultora y Capacitación

En el marco del Programa Santiago Crece con vos, el día 13 de abril tuve el privilegio de abrir la jornada con una breve charla motivacional dirigida a los inscriptos. En estas líneas resumo las ideas más importantes, espero aporten valor.

Cuando uno realiza un trabajo, existen dos dimensiones que decididamente afectarán la calidad de la realización de esa tarea.  La primera es la dimensión de la competencia que se tiene para realizar ese trabajo, esto implica conocer el oficio o la profesión, sus particularidades, problemas recurrentes, manejo de los tiempos y una metodología base con sus variantes ante imprevistos, por mencionar algunos ejemplos. La segunda dimensión tiene que ver con la motivación, es decir con el querer realizar esa tarea. Para ser directos, el grado de motivación que se tiene para hacer una actividad tendrá un impacto crucial en el nivel de energía que sea capaz de entregar quien la realiza y la capacidad de sostener ese esfuerzo en el tiempo. Este combo impacta de manera decidida en la calidad total que se entrega a quien sea el destinatario de esa tarea, se trate de un compañero de trabajo o de un cliente.

Una manera sencilla de conocer lo que está detrás de nuestra motivación es dar respuesta a la pregunta: ¿Por qué hago lo que hago? Si la respuesta es, por ejemplo, para ganar dinero, cobrar un trabajo más rápido, evitar que se molesten conmigo si no lo hago o zafar de un descuento de presentismo, diremos que el motivo que se da esa persona es extrínseco. En otras palabras, el esfuerzo se dirigirá a obtener algo del entorno para beneficio de la persona que ejecuta la tarea o para evitar algún perjuicio. Generalmente, estos motivos están asociados a la satisfacción de necesidades materiales. Los motivos extrínsecos nos pertenecen a todos y hasta me animaría a afirmar que casi todas las acciones que emprendemos persiguen, en distinta medida, algún motivo extrínseco. Como decíamos, estos motivos son un combustible para la energía con la que hacemos las cosas, pero como todo en la vida, hay distintas calidades de motivos que también entregan a su ejecutor distintas calidades de energía para sus esfuerzos.

Si damos un paso más en la mejora de esa calidad y si quiero agregar un mejor combustible a mis esfuerzos, tendré que considerar los motivos intrínsecos. Estos aparecen cuando la respuesta a la pregunta que instalamos en el párrafo anterior es del tipo, “porque así es como se deben hacer las cosas, siempre bien”, o si estamos buscando conseguir un logro como salir campeones o hacer el mejor lomito de la ciudad. Sucede que, en los motivos intrínsecos, quien realiza la tarea encuentra gusto en la misma realización del trabajo, hay algo en ese hacer, que le es propio, interior y que lo hace sentirse profundamente identificado con esa acción. Es el caso del docente que quiere dar en cada oportunidad su mejor clase o del herrero que le busca una vuelta más práctica o de diseño a sus creaciones porque simplemente, lo quiere hacer mejor. Es el caso de la motivación por el desafío, por la mejora continua. Aunque no es del todo afín al concepto, podríamos incluir en esta dimensión intrínseca a la motivación que aportan las metas para el trabajo. Hay algo poderoso en el hecho de focalizarse en resultados medibles y asociados a un plazo de tiempo, que también ayuda a optimizar la intensidad de la fuerza puesta en un trabajo.

Por último, y si queremos incorporar un combustible de alto octanaje a nuestra motivación, tenemos los motivos trascendentes, que son aquellos que aparecen cuando realizamos una tarea pensando en que otras personas mejoren su situación u obtengan un beneficio. Es el caso del trabajo en el que la persona va más allá de sí misma (de ahí lo de trascendente). Los ejemplos más claros son de personas que se entregan a un bien que consideran superior en favor de los demás, para fines solidarios o el desarrollo de otras personas, pero también entran en esta categoría aquellos adultos que aceptan y sostienen una tarea que tal vez en sí misma, no los llena del todo pero cuyo resultado les permite sostener un hogar o la educación de un hijo, hay en eso un motivo trascendente, por más que el bien recibido sea material. Una clave importante es que podemos encontrar en muchos trabajos motivos trascendentes para llevarlos adelante y ese es un combustible poderoso, que no decae ante crisis económicas, ni pierde eficacia ante la adversidad. Una aclaración final, estos tres motivos, extrínsecos, intrínsecos y trascendentes pueden formar parte de una misma respuesta a la pregunta de ¿Por qué hago lo que hago? La clave está en saber detectar cuál de estos motivos predomina para recalcular y responder de nuevo, esta vez, intentando mejorar la calidad motivacional que me pueda aportar esa respuesta.

 

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