La caída del consumo y el deterioro del poder adquisitivo comienzan a reflejarse no solo en la economía cotidiana, sino también en el ánimo social. Así lo planteó el economista Federico Scrimini en diálogo con La Mañana de Info, donde advirtió sobre un cambio profundo en el comportamiento de la población.
“El problema ya no es llegar a fin de mes: hay gente que no llega ni al día 10 o 12”, afirmó, al describir el impacto directo de la inflación y el aumento del costo de vida en los hogares.

Según explicó, este escenario está generando una modificación en la forma en que la sociedad reacciona frente a la realidad. “Cuando la economía funciona, hay cierta tolerancia social. Pero cuando no alcanza, esa tolerancia desaparece y todo empieza a generar mayor malestar”, sostuvo.
Priorizar lo esencial: cambiar los hábitos cotidianos
En ese sentido, indicó que la caída del consumo —con ejemplos como los bajos niveles en la compra de carne— es un reflejo claro del ajuste que atraviesan las familias. A esto se suma un cambio en hábitos cotidianos, donde se recortan gastos, se prioriza lo esencial y se dejan de lado consumos que antes eran habituales.
Para Scrimini, el dato más relevante no es solo económico, sino social: el malestar acumulado comienza a amplificarse y a impactar en la percepción general. “En contextos de crisis, situaciones que antes podían pasar desapercibidas hoy generan mayor reacción. Hay una sensibilidad distinta”, explicó.
Además, el economista vinculó este clima con un contexto más amplio de incertidumbre, atravesado por recortes, pérdida de beneficios y dificultades en distintos sectores. “Cuando el esfuerzo que se le pide a la sociedad no se traduce en mejoras concretas, ese malestar crece”, señaló.
Finalmente, advirtió que el panorama podría complejizarse en los próximos meses. “Siempre se puede estar peor”, expresó, dejando abierta la preocupación sobre la evolución de la economía.
