El ministro de Economía, Luis Caputo, logró asegurar un desembolso de USD 1.000 millones del Fondo Monetario Internacional y avanza en nuevas gestiones para obtener financiamiento adicional por hasta USD 2.000 millones del Banco Mundial, a los que podrían sumarse otros USD 1.000 millones de la CAF.
La estrategia oficial apunta a fortalecer la disponibilidad de divisas en un contexto marcado por importantes compromisos financieros. Solo con el FMI, la deuda argentina registró un incremento cercano a los USD 15.000 millones en el último año, alcanzando niveles que generan atención en el mercado.
Uno de los factores centrales que explican este movimiento es el calendario de vencimientos. El próximo 9 de julio, el país deberá afrontar pagos superiores a los USD 4.000 millones correspondientes a bonos en dólares bajo legislación extranjera, como los Bonares y Globales, reestructurados durante la gestión del exministro Martín Guzmán.
Un gesto para los acreedores
En ese contexto, el Gobierno busca enviar una señal de cumplimiento a los acreedores, en momentos en que las reservas no muestran un crecimiento sostenido. Las compras de divisas por parte del Tesoro no han sido suficientes, lo que llevó a intensificar la búsqueda de financiamiento externo.
En paralelo, persisten dudas en el mercado respecto a alternativas previamente mencionadas, como un eventual acuerdo de swap por USD 20.000 millones con el Tesoro de Estados Unidos. Distintas fuentes consideran que ese esquema no avanzó más allá de anuncios iniciales.
Según versiones que circulan en el ámbito financiero, el equipo económico evalúa utilizar los fondos provenientes de organismos multilaterales como respaldo para acceder a préstamos en los mercados internacionales, particularmente en Wall Street, por montos que podrían ubicarse entre USD 8.000 y USD 10.000 millones. No obstante, esta posibilidad fue desmentida públicamente por Caputo.
El objetivo de retomar el financiamiento privado enfrenta condiciones exigentes. Analistas coinciden en que el riesgo país debería descender a niveles cercanos a los 400 puntos para que Argentina pueda emitir deuda a tasas cercanas al 9% anual a diez años, en un contexto donde los bonos del Tesoro estadounidense rinden alrededor del 4,3%.
A esto se suma una dificultad estructural: el peso creciente de la deuda con organismos multilaterales no necesariamente mejora la percepción de los inversores privados, dado que estos acreedores tienen prioridad de cobro en situaciones de estrés financiero.
El cronograma de pagos futuros también agrega presión. Para 2027, entre el Tesoro y el Banco Central deberán afrontar compromisos por más de USD 33.000 millones, incluyendo deuda con organismos internacionales, bonos y obligaciones con el sector privado.
En este escenario, el Gobierno busca recomponer el acceso al crédito externo tras intentos fallidos previos. Mientras tanto, la dinámica de endeudamiento continúa siendo un eje central del programa económico, en un contexto donde la necesidad de financiamiento se mantiene elevada.
