El campo argentino vive una paradoja: mientras celebra una campaña con números históricos, la falta de espacio físico para guardar los granos amenaza con derrumbar los precios. Según explicó el especialista Matías Contardi, la acumulación de stocks de trigo, maíz y girasol ha generado un cuello de botella inédito que deja a la soja —la principal divisa del país— sin lugar en los silos.
La presión de oferta es el resultado de una alineación productiva excepcional:
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Trigo: 30 millones de toneladas (superando todas las expectativas).
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Maíz: 67 millones de toneladas (récord histórico).
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Girasol: La mejor cosecha de la historia.
En total, ya hay cerca de 40 millones de toneladas almacenadas, ocupando la capacidad que normalmente se reserva para la oleaginosa. “El gran tema es que la soja todavía no entró en escena y ya no hay dónde meterla”, advirtió Contardi.
El impacto en el bolsillo del productor
Esta “presión de cosecha” ya se siente en las pizarras. En apenas tres semanas, el precio de la soja se desplomó de los $500.000 a los $430.000 por tonelada. Esta caída no responde a factores internacionales ni al tipo de cambio, sino a la urgencia local: ante la falta de espacio, muchos productores se ven obligados a convalidar precios más bajos para poder descargar los camiones.
Actualmente, el mercado muestra una tendencia clara: vender maíz y retener la soja como refugio de valor. Sin embargo, la logística manda. Con un retraso del 30% en la cosecha de la zona núcleo (el más lento en una década), la llegada de un frente frío podría acelerar la trilla y agravar el problema de los cupos en las terminales portuarias.
En Santiago del Estero, donde el flete representa un costo altísimo por la distancia a los puertos de Rosario, esta situación obliga a los productores a seguir de cerca el mercado del “disponible”, que es el que más sufre la saturación del sistema.
