En su más reciente artículo, Domingo Cavallo analizó el rumbo del programa económico actual y lanzó una advertencia sobre la sostenibilidad de la desinflación. Para el economista, si el Gobierno no avanza en “la remoción total de los controles de cambio”, el ritmo de caída de los precios tenderá a ralentizarse en lugar de converger rápidamente.
Según su visión, ante la imposibilidad de aplicar estímulos fiscales o monetarios, la única vía para traccionar la economía es fomentar la inversión eficiente y la productividad.
Cavallo enfatizó que el mantenimiento del “cepo” a largo plazo bloquea la reasignación de recursos hacia los sectores más competitivos. Además, alertó que postergar esta apertura podría derivar en una salida “traumática” en el futuro, mientras que una liberación inmediata permitiría aprovechar el superávit comercial vigente para estabilizar el tipo de cambio y desplomar el riesgo país.
El enfoque de Cavallo se centra en que la reactivación debe provenir de la oferta. En este sentido, propuso suprimir las restricciones que hoy pesan sobre las personas jurídicas para potenciar las reformas estructurales. Según el exfuncionario, una liberalización total generaría beneficios inmediatos para las compañías.
Por un lado, precios plenos para exportadores. Es decir, las empresas podrían recibir el valor total de sus ventas sin la obligación de liquidar divisas a través del Banco Central. También liberaría el mercado para inversiones, pues Quienes ingresen capitales para proyectos productivos operarían en un entorno sin restricciones de entrada o salida.
Además, mencionó también que la reducción drástica del riesgo país facilitaría el acceso al crédito privado internacional.
Para el exministro, la permanencia de las restricciones cambiarias actúa como un techo para el crecimiento. A su criterio, sin una apertura del mercado de capitales, la economía argentina difícilmente logre el salto de productividad necesario para salir del estancamiento.
En su diagnóstico, el Gobierno debe elegir entre una convergencia inflacionaria lenta y tortuosa bajo los controles actuales, o una estabilización definitiva basada en la libertad de movimiento de capitales y la inversión privada.
