Carlos Ferello, un ingeniero jubilado argentino que formaba parte del crucero MV Hondius, relató la experiencia que vivió durante el viaje luego de que se registrara un brote de hantavirus a bordo.
El pasajero había embarcado en Ushuaia con la intención de realizar una travesía de más de 30 días. Según explicó, tenía previsto regresar a Buenos Aires el 5 de mayo, aunque la situación sanitaria modificó por completo sus planes y extendió su viaje al menos por dos semanas más. “Fue una desgracia”, expresó Ferello al recordar lo ocurrido durante la expedición.
De acuerdo con su testimonio, los primeros síntomas se presentaron en un matrimonio de nacionalidad neerlandesa mientras el barco navegaba hacia Tristán da Cunha. En un primer momento, la muerte del hombre no generó sospechas, ya que se atribuyó a una infección.
La situación cambió cuando la mujer fue evacuada en la isla de Santa Elena y trasladada a Johannesburgo, donde también falleció. Posteriormente, se confirmaron casos de hantavirus que incluyeron al médico del barco y a uno de los guías, quienes lograron recuperarse luego de ser desembarcados en Sudáfrica.
Ferello señaló que, pese a la gravedad de los hechos, no se vivió un clima de pánico generalizado entre los pasajeros. Explicó que el distanciamiento y las medidas preventivas contribuyeron a evitar nuevos contagios. El ingeniero también destacó la asistencia brindada por las autoridades argentinas durante el proceso. “Cancillería y el embajador fueron espectaculares. Estaban en contacto permanente, tanto el Ministerio de Salud como los consulados”, afirmó.
Tras la llegada del crucero a Tenerife, Ferello eligió viajar a los Países Bajos junto a otros 26 pasajeros para cumplir con el protocolo sanitario establecido. Allí permanecerá en un hotel junto a otros viajeros de distintas nacionalidades, donde serán sometidos a análisis de sangre y controles médicos durante 15 días. “Es un viaje inolvidable”, concluyó con ironía.
