Qué pasó el 21 de mayo de 1810: se confirmó un Cabildo Abierto y los criollos prepararon la ofensiva revolucionaria
El 21 de mayo comprendió que el tiempo de la diplomacia colonial se había agotado. La presión ya no provenía solo de los intelectuales criollos, sino de la fuerza de choque de la revolución.

El lunes 21 de mayo de 1810 fue una jornada decisiva en la Semana de Mayo. Después de varios días de tensión política y rumores sobre el futuro del Virreinato del Río de la Plata, el Cabildo confirmó finalmente la realización de un Cabildo Abierto para el día siguiente, en el que se debatiría la continuidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

La noticia llegó en medio de un clima de fuerte agitación popular. Desde temprano, cientos de hombres armados ocuparon la entonces Plaza de la Victoria —actual Plaza de Mayo— para exigir que las autoridades permitieran la participación de los vecinos en la discusión sobre el destino del gobierno colonial.

Los manifestantes estaban encabezados por Domingo French y Antonio Luis Beruti, integrantes de la llamada “Legión Infernal”, un grupo de militantes revolucionarios que presionaba para desplazar al virrey y avanzar hacia un gobierno propio. Armados con pistolas y cuchillos, reclamaban a viva voz la convocatoria inmediata de un Cabildo Abierto.

La presión fue tan intensa que la habitual reunión del Cabildo debió suspenderse. Ante el temor de que la situación se desbordara, el síndico Julián de Leiva salió a anunciar públicamente que el encuentro se realizaría el martes 22 de mayo.

Sin embargo, la tensión no disminuyó hasta que intervino Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, quien expresó desde el balcón del Cabildo el respaldo militar al reclamo popular. Ese apoyo resultó clave para debilitar aún más la autoridad de Cisneros.

Invitaciones y maniobra secreta

Una vez confirmada la convocatoria, comenzaron a repartirse las invitaciones para asistir al Cabildo Abierto. La intención oficial era limitar la participación a funcionarios, militares, eclesiásticos y vecinos considerados “notables” por las autoridades españolas.

El propio Cisneros supervisó la lista de invitados para garantizar que predominaran los sectores fieles a la Corona. Sin embargo, una maniobra secreta alteró los planes del virrey.
Agustín Donado, responsable de la imprenta de los Niños Expósitos, imprimió muchas más invitaciones de las solicitadas y las distribuyó entre numerosos criollos partidarios de la revolución. Gracias a esa acción, los sectores independentistas lograron aumentar significativamente su presencia en la reunión decisiva del día siguiente.
La invitación oficial decía:

“EL EXCMO. CABILDO CONVOCA A VD. PARA QUE SE SIRVA ASISTIR, PRECISAMENTE MAÑANA 22 DEL CORRIENTE, A LAS NUEVE, SIN ETIQUETA ALGUNA, Y EN CLASE DE VECINO, AL CABILDO ABIERTO QUE CON AVENENCIA DEL EXCMO. SR. VIRREY HA ACORDADO CELEBRAR”.

Aquella maniobra permitió que las ideas revolucionarias tuvieran una representación mucho mayor dentro del Cabildo Abierto, donde finalmente comenzaría a definirse el final del poder virreinal.

El camino hacia la Primera Junta

La crisis política se había profundizado tras la caída de la Junta de Sevilla, último bastión de resistencia española frente al avance de las tropas de Napoleón Bonaparte. Sin una autoridad legítima en España, muchos criollos sostenían que el poder debía regresar al pueblo.

El debate iniciado el 22 de mayo culminaría días después, el viernes 25, con la destitución de Cisneros y la creación de la Primera Junta de Gobierno.

Ese nuevo organismo quedó integrado por Cornelio Saavedra como presidente; Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios; y Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea como vocales.

Aunque formalmente la Junta declaró fidelidad al rey Fernando VII, aquella postura fue interpretada como una estrategia política conocida posteriormente como “la máscara de Fernando”, destinada a ocultar las verdaderas aspiraciones independentistas.

Así, el 21 de mayo de 1810 quedó en la historia como el día en que la presión popular y la organización criolla comenzaron a inclinar definitivamente el rumbo hacia la Revolución de Mayo y el nacimiento del primer gobierno patrio.

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