Los disturbios se produjeron en un clima político sensible, a solo días de que el presidente José Antonio Kast brindara su primer discurso sobre el estado de la nación ante el Congreso en Valparaíso. Durante su alocución, el mandatario de tendencia conservadora defendió con firmeza su severo plan de austeridad fiscal —que busca recortar unos US$ 6.000 millones en un plazo de 18 meses— y lanzó una cruda advertencia a la sociedad al asegurar que el proceso de ordenamiento de las cuentas públicas “no será rápido” y que “va a haber dolor”. A pesar de transitar un inicio de gestión complejo tras tres meses en el poder, signado por una baja en su aprobación y un prematuro cambio de gabinete, Kast ratificó que no cederá ante las presiones callejeras, priorizando la responsabilidad fiscal por sobre la popularidad.

La calle responde al recorte en las aulas
Bajo la consigna “¡La educación se defiende en las calles!”, miles de jóvenes secundarios y universitarios coparon las principales arterias de la capital chilena. La reforma presupuestaria impuesta por el Ejecutivo generó una rápida cohesión de la Confech, que denunció el ahogamiento financiero de las universidades públicas.
La falta de un permiso oficial para el recorrido habitual transformó la marcha en un foco de conflicto directo. Los disturbios comenzaron a media tarde y alteraron por completo el pulso urbano. Hubo interrupción total del tránsito por barricadas y desvíos de Carabineros, también el cierre total por seguridad de las estaciones en Universidad Católica y Santa Lucía y el uso de camiones lanza-agua y compuestos lacrimógenos por parte de la Prefectura Oriente.

Kast y la defensa del “camino de la responsabilidad”
Mientras las calles de Santiago ardían, los ecos del discurso presidencial del lunes continuaban marcando la agenda política. Desde Valparaíso, Kast había sincerado que la situación financiera heredada al asumir el pasado 11 de marzo era “incluso más compleja” de lo estipulado, justificando el decreto inicial que podó un 3% del gasto operativo en todos los ministerios. “No les voy a prometer milagros, pero sí les prometo que vamos a recuperar el orden de las cuentas públicas. Habrá presiones, habrá ruido, habrá días duros. Nuestro Gobierno no se va a desviar del camino”, enfatizó el líder del Partido Republicano ante la asamblea legislativa.
A pesar de las severas métricas del ajuste, el jefe de Estado buscó llevar calma a los sectores más vulnerables prometiendo que el plan de racionalización no afectará los subsidios sociales directos ni los derechos adquiridos, poniendo el foco en la optimización estatal.

El norte económico del oficialismo chileno
El complejo inicio de mandato de Kast, que ya le costó la salida de su vocera oficial y de la ministra de Seguridad en un temprano enroque de piezas, sumó a finales de mayo un espaldarazo clave. La Cámara de Diputados dio luz verde a su reforma económica, la cual contempla una reducción gradual del impuesto a las ganancias corporativas del 27% al 23% con el fin de atraer inversiones extranjeras.
Aunque la oposición de izquierda califica estas medidas como un beneficio exclusivo para las clases altas, el Palacio de La Moneda mantiene firmes sus proyecciones para los próximos cuatro años: alcanzar un crecimiento económico anual cercano al 4%, reducir el desempleo estructural al 6,5% y consolidar el ansiado equilibrio fiscal de la nación trasandina.
