La jornada futbolística que debía desarrollarse con normalidad en San Miguel terminó envuelta en una escena de extrema tensión. En las inmediaciones del estadio, integrantes de La Banda de la Plazoleta, la facción más identificada con la barra del club, protagonizaron un fuerte enfrentamiento con efectivos policiales que realizaban un operativo preventivo en la zona.
El conflicto se originó cuando los agentes intentaron identificar a dos personas vinculadas a una motocicleta que despertó sospechas. Según las primeras reconstrucciones, un grupo de alrededor de cincuenta individuos rodeó a los uniformados y comenzó una escalada de agresiones que incluyó golpes, empujones y lanzamiento de piedras, obligando a solicitar refuerzos para contener la situación.
La violencia se extendió rápidamente por varias cuadras cercanas al estadio. Durante los incidentes, tanto los efectivos como los integrantes del grupo protagonizaron momentos de máxima tensión, mientras vecinos y comerciantes observaban con preocupación cómo el enfrentamiento avanzaba sobre espacios públicos y sectores residenciales.
🇦🇷 Los hinchas de San Miguel se enfrentaron con la policía y los policías tuvieron que salir rajando del lugar pic.twitter.com/J5fcrkKOjT
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Como consecuencia de los disturbios, cinco policías resultaron heridos y debieron recibir atención médica. Además, varios patrulleros y motocicletas sufrieron importantes daños materiales. Comerciantes de la zona también denunciaron roturas en vidrieras y pérdidas económicas producto de los desmanes registrados durante los incidentes.
El episodio volvió a poner el foco sobre la problemática de la violencia vinculada al fútbol de ascenso. En las últimas semanas, el clima en torno al club ya había mostrado señales de tensión, especialmente tras el ataque sufrido por el entrenador Gustavo “Sapito” Coleoni, quien denunció daños en su vehículo días atrás.
Por estas horas, la Fiscalía Descentralizada de Malvinas Argentinas trabaja en la recopilación de imágenes y testimonios para identificar a los involucrados. La causa fue caratulada inicialmente por resistencia a la autoridad y daños, mientras no se descartan nuevas imputaciones y detenciones en las próximas horas.
El hecho generó preocupación entre las autoridades municipales y provinciales, que ya analizan reforzar los dispositivos de seguridad en futuros encuentros. Más allá del resultado deportivo, la jornada dejó expuesta una problemática que trasciende las canchas y vuelve a encender las alarmas sobre la convivencia entre el fútbol y la violencia.
Un antecedente que encendió las alarmas en San Miguel
El clima de tensión que rodea a San Miguel no es nuevo. El pasado 18 de mayo, tras la dura derrota por 4-0 ante Mitre de Santiago del Estero, el entrenador Gustavo “Sapito” Coleoni sufrió un hecho intimidatorio cuando su vehículo apareció con los cuatro neumáticos dañados.
Las imágenes difundidas en aquel momento mostraron cortes visibles en las cubiertas, aunque nunca se logró determinar quiénes fueron los responsables del ataque.
Aquel episodio se produjo en medio de un delicado presente deportivo del conjunto de Los Polvorines. El equipo acumulaba una preocupante racha sin victorias y comenzaba a mirar de cerca la zona baja de la tabla. Los malos resultados generaron malestar entre los simpatizantes y también pusieron en duda la continuidad del cuerpo técnico.
La disconformidad de los hinchas ya había quedado reflejada semanas antes con la aparición de pasacalles en los accesos al estadio, en los que exigían una reacción del plantel y reclamaban una mejora en el rendimiento. Con el correr de los días, la tensión fue aumentando y aquellos hechos aparecieron como una señal de alerta sobre un contexto que, semanas más tarde, volvería a quedar expuesto con los graves incidentes ocurridos en la previa del partido frente a Defensores de Belgrano.
