Vacunas y enfermedades en época invernal: por qué enfermarse después de vacunarse no significa que la vacuna sea la causa
Vacunas y enfermedades en época invernal: por qué enfermarse después de vacunarse no significa que la vacuna sea la causa. Qué dice la evidencia científica y cómo evitar caer en mitos y desinformación. Por la Red LibreMentes.

Por Vivian Bértoli, activista de la Red Libre Mentes

Cada invierno reaparece una pregunta que parece sencilla, pero que tiene una respuesta mucho más compleja de lo que imaginamos. La relación entre vacunas y enfermedades en época invernal suele generar dudas cuando muchas personas presentan síntomas pocos días después de inmunizarse.

“Me vacuné contra la gripe y a los pocos días me enfermé. ¿Será que la vacuna me enfermó?”

Esta experiencia es muy frecuente y suele convertirse en uno de los principales argumentos utilizados por los movimientos antivacunas y por quienes promueven pseudociencias relacionadas con la salud.

Sin embargo, existe un concepto fundamental del pensamiento científico que puede ayudarnos a comprender qué está ocurriendo: correlación no implica causalidad.

Imagen: Red LibreMentes

Dos hechos pueden ocurrir juntos sin que uno cause al otro

¿Qué significa esto?

Dos hechos pueden ocurrir uno después del otro sin que uno haya causado al otro.

Que un acontecimiento suceda después de otro no demuestra automáticamente que exista una relación de causa y efecto.

Por ejemplo:

  • Me vacuné el lunes.
  • El jueves tuve fiebre.

Nuestro cerebro tiende naturalmente a unir ambos hechos y concluir:

“La vacuna me enfermó.”

Pero esa conclusión puede ser completamente equivocada.

Nuestro cerebro necesita encontrar explicaciones

Los seres humanos tenemos una enorme necesidad de comprender qué nos ocurre.

Cuando enfermamos buscamos rápidamente una explicación que nos devuelva cierta sensación de control.

Es una reacción completamente normal.

Si existe un hecho llamativo —como recibir una vacuna— nuestro cerebro suele convertirlo en el principal sospechoso.

Este fenómeno psicológico ha sido ampliamente estudiado y explica por qué muchas personas encuentran convincentes teorías que, aunque parezcan lógicas, no están respaldadas por evidencia científica.

 

Vacunas y enfermedades en época invernal: por qué es común enfermarse

Durante los meses fríos circulan simultáneamente numerosos microorganismos respiratorios. No existe solamente el virus de la gripe.

También circulan:

  • rinovirus,
  • coronavirus estacionales,
  • virus sincicial respiratorio,
  • adenovirus,
  • además de diversas bacterias capaces de producir infecciones respiratorias.

A esto se suma que durante el invierno:

  • permanecemos más tiempo en ambientes cerrados;
  • compartimos espacios con mayor cantidad de personas;
  • disminuye la ventilación;
  • el aire seco favorece la transmisión de virus;
  • muchas personas descansan menos y presentan un descenso transitorio de sus defensas.

Todo este escenario hace que enfermarse durante el invierno sea relativamente frecuente, independientemente de haber recibido una vacuna.

Entonces… ¿por qué parece que fue la vacuna?

Porque la vacunación ocurre muy cerca en el tiempo del momento en que muchas personas naturalmente iban a enfermarse. Es una coincidencia temporal y las coincidencias temporales pueden ser muy engañosas.

Si miles de personas reciben una vacuna durante la misma semana en la que aumenta la circulación de virus respiratorios, es esperable que muchas de ellas desarrollen una infección días después.

No porque la vacuna la haya producido, sino porque los virus ya estaban circulando en la comunidad.

Incluso algunos profesionales pueden caer en este error.

La formación sanitaria no vuelve a nadie inmune a los sesgos cognitivos. Existen profesionales que desaconsejan determinadas vacunas porque relatan experiencias personales como: “Yo me vacuné y después me enfermé”.

Sin embargo, una experiencia individual no alcanza para demostrar una relación causal. Precisamente por eso existe la investigación científica.

La ciencia no se basa en casos aislados, sino en estudios realizados sobre miles o millones de personas, comparando grupos vacunados y no vacunados, analizando riesgos, beneficios y efectos adversos mediante métodos diseñados para evitar justamente estos errores de interpretación.

Cuando aparece la incertidumbre, aparecen las falsas soluciones

Después de enfermarse muchas personas experimentan culpa.

Piensan: “No debería haberme vacunado” o “No debería haber vacunado a mi bebé”.

Ese estado emocional genera incertidumbre. Y la incertidumbre es uno de los principales factores que aprovechan las pseudociencias y organizaciones coercitivas.

Es frecuente encontrar en redes sociales personas que prometen:

  • “Nunca más vas a enfermarte.”
  • “La naturaleza es sabia, tiene la solución para todo.”
  • “Las farmacéuticas te engañan.”

A partir de allí aparecen recetas supuestamente milagrosas:

  • megadosis de vitamina C,
  • jengibre con miel y polen,
  • suplementos “naturales”,
  • preparados detox,
  • productos “cuánticos”,
  • terapias alternativas sin evidencia científica.

Muchas de estas prácticas se presentan como una alternativa superior a la medicina basada en evidencia. Sin embargo, ninguna de ellas ha demostrado reemplazar la eficacia de las vacunas para prevenir enfermedades infecciosas.

Cuidado con las promesas demasiado simples

Las pseudociencias suelen compartir una característica: ofrecen respuestas extremadamente simples para problemas muy complejos.

La salud humana depende de cientos de factores: genética, alimentación, descanso, vacunación, ambiente, actividad física, enfermedades previas, acceso al sistema sanitario y exposición a microorganismos, entre muchos otros.

Reducir todo ese sistema a una única explicación (“la vacuna te enfermó”) o a una única solución (“tomá este preparado natural”) suele ser una señal de alerta.

Informarse también es una forma de cuidar la salud.

Las vacunas, como cualquier intervención médica, pueden producir efectos adversos. Ningún tratamiento es completamente libre de riesgos.

La diferencia es que esos riesgos son estudiados, monitoreados y comparados con los enormes beneficios que ofrecen para prevenir enfermedades graves y reducir complicaciones.

Desconfiar de cualquier información no significa rechazar la ciencia. Significa buscar evidencia de calidad, consultar profesionales capacitados y evitar tomar decisiones basadas únicamente en experiencias individuales o publicaciones virales.

En tiempos donde la desinformación circula tan rápido como los virus, desarrollar pensamiento crítico también es una forma de proteger nuestra salud.

Porque comprender que correlación no implica causalidad no solo nos ayuda a interpretar mejor lo que nos sucede, sino que también nos protege de caer en discursos pseudocientíficos que prometen certezas donde solo existe evidencia insuficiente.

La mejor herramienta frente a la incertidumbre no son las respuestas fáciles, sino el conocimiento basado en evidencia, el diálogo con profesionales de la salud y el ejercicio permanente del pensamiento crítico.

La Red LibreMentes es una organización civil laica y apartidaria fundada por el activista Pablo Salum. Su objetivo es brindar asistencia legal y psicológica a víctimas y familiares de organizaciones coercitivas (sectas) y pseudociencias que utilizan técnicas de manipulación para captar adeptos.

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