Investigadores de la UNSE recomiendan el uso de flora santiagueña para aliviar afecciones respiratorias

Ante la llegada de las bajas temperaturas y el aumento de enfermedades respiratorias, investigadores de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) continúan trabajando en el rescate y la valorización de los saberes populares vinculados al uso medicinal de la flora nativa, una línea de investigación que busca preservar conocimientos ancestrales y generar información científica accesible para la comunidad.

El docente e investigador de la UNSE, Manuel Palacio, explicó que Santiago del Estero posee una enorme riqueza vegetal y que muchas de las especies presentes en el territorio son utilizadas tradicionalmente para aliviar distintos problemas de salud.

“En la flora santiagueña tenemos relevadas alrededor de 1.200 especies y cerca de 300 poseen algún tipo de aplicación medicinal. Es un número muy importante y refleja la riqueza del conocimiento popular que existe en nuestra provincia”, señaló en una entrevista brindada a Radio Universidad.

Palacio integra un equipo de investigación que desde hace más de una década trabaja en el relevamiento de la flora nativa y sus usos populares. El objetivo principal es documentar, preservar y difundir los saberes construidos por generaciones de pobladores rurales y comunidades locales.

“Nosotros trabajamos fundamentalmente sobre el saber local y la medicina doméstica. Creemos que existe una práctica sostenida en el tiempo que respalda el uso de muchas plantas medicinales y por eso consideramos importante rescatar ese conocimiento”, explicó.

Chañar, una de las especies más usadas

Entre las especies recomendadas para esta época del año, el investigador destacó al chañar, considerado una de las plantas más utilizadas para aliviar afecciones respiratorias como la tos, la bronquitis o las molestias de garganta.

“El chañar se utiliza desde hace muchísimo tiempo. De su corteza se preparan infusiones y sus frutos también pueden consumirse en forma de arrope, jaleas o mermeladas. Son preparados que ayudan a aliviar molestias de garganta y síntomas respiratorios”, indicó.

Asimismo, mencionó otras especies presentes en la provincia que forman parte del conocimiento medicinal popular, como el mistol, cuyos frutos son utilizados de manera similar al chañar; la jarilla, empleada para baños o lavados corporales que ayudan a combatir los efectos del frío; y las flores del palo borracho blanco o yuchán, utilizadas tradicionalmente para aliviar la tos y otras afecciones respiratorias.

También señaló el uso del llantén y del quimpi, hierbas que crecen durante el invierno en jardines, plazas y espacios verdes, y que suelen prepararse en infusiones para tratar cuadros de tos.

Ciencia, territorio y conocimiento popular

Durante la entrevista, Palacio remarcó la importancia de utilizar correctamente las plantas medicinales y recomendó siempre identificar las especies a través de su nombre científico antes de consumirlas.

“El nombre común puede variar y utilizarse para distintas plantas. Por eso es fundamental conocer la identidad botánica de la especie para evitar errores y garantizar un uso adecuado”, advirtió.

En ese sentido, destacó que el Jardín Botánico de la UNSE mantiene abiertas sus vías de consulta para quienes necesiten orientación sobre identificación de especies o usos tradicionales.

Impacto social

El investigador explicó además que el equipo continúa desarrollando proyectos vinculados al relevamiento de la flora santiagueña, sus aplicaciones medicinales y otros usos tradicionales.

“Llevamos más de diez años trabajando en el estudio de la flora nativa y sus usos populares. Actualmente estamos preparando un curso abierto sobre plantas medicinales nativas para seguir compartiendo estos conocimientos con la comunidad”, adelantó.

La labor desarrollada por los investigadores de la UNSE constituye un ejemplo del aporte que realizan las universidades públicas a la generación de conocimiento con impacto directo en la sociedad. En un contexto complejo para el sistema científico nacional, marcado por restricciones presupuestarias y dificultades para sostener proyectos de investigación, iniciativas como las que impulsa el Jardín Botánico de la universidad permiten preservar saberes locales, fortalecer la divulgación científica y promover el aprovechamiento responsable de los recursos naturales de la región.

Además de su valor académico, estos trabajos contribuyen a rescatar parte del patrimonio cultural santiagueño, poniendo en diálogo el conocimiento científico con las prácticas y experiencias acumuladas por generaciones de pobladores del territorio.

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