Del Penal, a la Feria Artesanal: dos cooperativas capacitan a internos en distintos oficios apostando a la reinserción laboral
Marcos Cano y Andrés Santillán.
"Manos que Construyen Futuro" y "Abrazando la Libertad" exhiben y venden artículos elaborados en los talleres del Penal Provincial Unidad N° 1 y del Complejo Penitenciario Nº 4. Lo recaudado se reinvierte en capacitación para ampliar las oportunidades laborales de las personas privadas de la libertad.

Entre los cientos de puestos que forman parte de la Feria Artesanal, uno llama la atención por la historia que hay detrás de cada pieza. Por primera vez, el Servicio Penitenciario Provincial participa oficialmente del tradicional encuentro con un stand donde se comercializan productos elaborados por personas privadas de la libertad en los talleres del Penal Provincial Unidad N° 1, ubicado en Alsina 850, y del Complejo Penitenciario Nº 4 de Colonia Pinto.

La iniciativa es impulsada por las cooperativas de trabajo “Manos que Construyen Futuro”, presidida por Marcos Cano, y “Abrazando la Libertad”, representada por Andrés Santillán, ambos trabajadores del Servicio Penitenciario Provincial;  creadas hace apenas seis meses con un objetivo claro: transformar los oficios en una verdadera herramienta de reinserción social.

“Nosotros hemos creado una cooperativa para darle visibilidad a los cursos que reciben los internos”, explicó Cano durante una entrevista con Info del Estero. Actualmente, los internos pueden capacitarse en herrería, carpintería, talabartería, electricidad y fabricación de ladrillos. Los productos que nacen de esos talleres llegan ahora a la feria para ser vendidos al público.

Sin embargo, detrás de cada compra existe un destino concreto: el dinero no busca generar ganancias, sino volver al sistema de capacitación. “Todo lo recaudado se reinvierte para comprar materiales, incorporar más herramientas y ampliar la cantidad de internos que puedan acceder a los cursos”, señalaron. Los talleres funcionan con profesionales especialmente contratados para enseñar cada oficio.

“No ponemos a cualquier persona. Buscamos capacitadores especializados porque la idea es que aprendan un trabajo que realmente les pueda servir cuando recuperen la libertad”, explicaron.

Transformar materiales y también oportunidades

Gran parte de los productos expuestos nacen del reciclaje. Maderas recuperadas, hierros y piezas mecánicas encuentran una nueva vida en manos de los internos. Entre los objetos más llamativos aparecen relojes fabricados con embragues de automóviles, artesanías realizadas con partes de motocicletas y distintos trabajos de carpintería y herrería.

Además de promover el reciclaje, el proyecto busca demostrar que un oficio puede convertirse en una alternativa real para quienes, al salir de prisión, suelen enfrentarse a un escenario marcado por la falta de oportunidades laborales.

Los responsables reconocen que el entusiasmo de los internos aparece desde el primer día. Con el tiempo, aseguran, el compromiso crece y el ritmo de producción también.

Las dificultades para sostener los talleres

El proyecto no está exento de obstáculos. Muchas de las herramientas con las que trabajan tienen varios años de uso y conseguir repuestos resulta cada vez más difícil. A ello se suma la desaparición de los antiguos fondos de explotación que, según explicaron, permitían mantener activos estos espacios de capacitación.

Frente a ese panorama nació la idea de conformar cooperativas. La experiencia toma como referencia un modelo que ya funciona en el Servicio Penitenciario Federal, aunque adaptado a la realidad provincial. “Era la única forma viable de sostener los talleres y seguir creciendo”, explicaron.

Actualmente comenzaron con la participación de cuatro internos y esperan ampliar progresivamente los cupos gracias al respaldo del Instituto Provincial de Acción Cooperativa (IPAC).

Cada objeto exhibido en el stand representa muchas horas de aprendizaje, práctica y dedicación. Para quienes impulsan el proyecto, vender esas producciones no significa únicamente ofrecer una artesanía. También implica sostener un espacio donde nuevas personas privadas de la libertad puedan aprender un oficio y prepararse para el momento en que deban reconstruir su vida fuera de los muros.

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