En el Día Nacional del Panadero, el maestro panadero y propietario de Panificadora Lola SRL repasó su trayectoria, recordó cómo evolucionó el trabajo en las panaderías y explicó el origen de algunos de los nombres más tradicionales de las facturas.
En el marco del Día Nacional del Panadero, Roberto Llanos, maestro panadero y propietario de Panificadora Lola SRL, visitó los estudios de La Mañana de Info, donde compartió su experiencia de décadas en el rubro y reflexionó sobre la evolución de un oficio que, aseguró, continúa siendo uno de los más sacrificados.
Durante la entrevista, Llanos contó que la jornada laboral comienza cuando la mayoría de las personas aún duerme. “Empezamos a las seis de la mañana haciendo facturas”, relató al describir la rutina diaria que permite que el pan y los productos de panadería lleguen frescos a las mesas de los santiagueños.
Actualmente, Panificadora Lola SRL cuenta con tres sucursales. La casa central funciona en el barrio Campo Contreras, sobre calle Ingenio Contreras, mientras que otra de sus panaderías está ubicada en Rivadavia casi Belgrano y también tiene presencia en la localidad de El Zanjón.
Un oficio que cambió con el paso del tiempo
Durante la charla, Llanos recordó cómo era el trabajo de los panaderos años atrás, cuando gran parte de las tareas se realizaban de manera completamente artesanal.
“Antes se amasaba a mano y se trabajaba con hornos a leña. Siempre fue un trabajo muy duro, pero había que llevar el pan a la mesa”, expresó, al destacar el esfuerzo que históricamente demandó la actividad.
Si bien la incorporación de nuevas tecnologías facilitó parte de los procesos productivos, remarcó que la dedicación y el compromiso siguen siendo esenciales para mantener la calidad de los productos.
El curioso origen de los nombres de las facturas
Uno de los momentos más llamativos de la entrevista fue cuando explicó el origen de nombres tan conocidos como bolas de fraile, vigilantes y sacramentos.
Según relató, estas denominaciones surgieron entre los primeros panaderos, muchos de ellos vinculados al movimiento anarquista, como una forma de manifestar su rechazo a las instituciones de poder de la época, especialmente la Iglesia, las fuerzas de seguridad y otros sectores de autoridad.
Así, nombres que hoy forman parte del vocabulario cotidiano de cualquier panadería argentina conservan una historia cargada de simbolismo y de identidad cultural.
