
Por Lourdes Suarez Torres
Durante las vacaciones de invierno, el uso de pantallas suele incrementarse notablemente en los hogares. Tablets, celulares, televisores y computadoras se convierten en aliados del entretenimiento, pero también plantean una preocupación creciente entre especialistas de la salud.
En una entrevista exclusiva con Info del Estero, la doctora Natalia Bermejo, médica endocrinóloga infantil de Santiago del Estero, compartió su mirada sobre los impactos que el uso excesivo de dispositivos digitales puede tener en el cuerpo, particularmente en el sistema hormonal de niñas, niños y adolescentes.
Un nuevo entorno para la infancia
En un mundo donde la tecnología está presente desde los primeros años de vida, muchas familias comienzan a preguntarse cómo esta hiperconectividad puede afectar el desarrollo integral de sus hijos. “Como médica especialista en endocrinología infantil, me parece muy importante que las familias conozcan las consecuencias que puede tener la exposición digital sobre el sistema hormonal en la infancia y adolescencia”, expresó la doctora Bermejo, con preocupación pero también con vocación de educar.
El sistema hormonal en alerta
Según explica la especialista, la sobreexposición a pantallas, especialmente durante la noche, interfiere con los ritmos circadianos, es decir, el ciclo natural de sueño y vigilia. Esto repercute directamente en la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el descanso nocturno. La alteración de esta hormona puede desencadenar desequilibrios en otras funciones hormonales clave.
“Esto no solo afecta el descanso, sino que puede generar un efecto en cascada sobre otras hormonas, como el cortisol —vinculado al estrés—, la hormona de crecimiento, que se libera principalmente en las primeras horas del sueño profundo, e incluso puede afectar aquellas hormonas relacionadas con la pubertad”, explicó Bermejo.
La luz azul y sus efectos ocultos
Uno de los principales factores que dispara este desequilibrio es la luz azul emitida por las pantallas. “Esa luz inhibe la secreción de melatonina y, si la exposición se sostiene en el tiempo, puede generar desequilibrios hormonales significativos”, sostuvo. En niñas, niños y adolescentes, donde el desarrollo físico y neurológico está en pleno proceso, la afectación puede ser mayor que en adultos.
La doctora subraya que el sueño profundo es indispensable para el correcto funcionamiento del eje hormonal. Cuando ese descanso se ve interrumpido, disminuye la liberación de hormona de crecimiento y aumenta el cortisol. En la adolescencia, también se observan alteraciones del ciclo menstrual y aumento de peso, provocado por el desequilibrio entre dos hormonas: la insulina y la leptina, responsables del metabolismo y el apetito.
Etapas vulnerables
Bermejo identifica dos momentos clave en los que el sistema hormonal es especialmente sensible a estos estímulos digitales: la niñez media (de 6 a 10 años) y la pubertad. “Durante estos períodos, el cerebro y el sistema endocrino están en pleno desarrollo, por lo que cualquier alteración en los ritmos de sueño o estrés sostenido puede tener consecuencias a largo plazo”, alertó.
En cuanto al inicio de la pubertad, la especialista advierte que si bien aún se está investigando, ya existen indicios de que el uso excesivo de pantallas puede estar asociado a adelantos puberales, sobre todo en niñas, por la desregulación de los niveles de estrógeno.
Señales de alerta para familias
Entre los síntomas que podrían advertir un desajuste hormonal en niños y adolescentes, la doctora enumera: cambios marcados en el sueño, irritabilidad persistente, cambios de humor, problemas escolares, adelanto de signos puberales, alteraciones en el apetito o el peso, y fatiga constante. Si bien aclara que no todos estos signos implican necesariamente una alteración hormonal, recomienda consultar con un profesional de la salud para descartar cualquier problema endocrino.
¿Cuánto tiempo frente a la pantalla es demasiado?
Las recomendaciones actuales sobre el uso de pantallas varían según la edad. Para menores de 5 a 6 años, se sugiere evitarlas por completo. En niños mayores, el uso no debería superar una hora diaria, siempre con contenido supervisado. Y para adolescentes, no más de dos horas diarias de uso recreativo.
“Sé que es difícil de cumplir, sobre todo en vacaciones y en un contexto donde la tecnología está en todas partes. Pero es importante entender que el cuerpo necesita descanso, movimiento y sociabilización para desarrollarse de forma saludable”, enfatizó.
Estrategias para cuidar el equilibrio hormonal
Para contrarrestar los efectos de la exposición digital, la doctora recomienda adoptar rutinas saludables como:
- Establecer horarios sin pantallas, especialmente una o dos horas antes de dormir.
- Fomentar el juego activo, el deporte y la actividad al aire libre.
- Mantener una alimentación equilibrada, baja en azúcares refinados (evitar golosinas, jugos y gaseosas).
- Asegurar entre 8 y 10 horas de sueño nocturno, según la edad.
Además, remarcó un punto clave: el ejemplo de los adultos. “Cuando los adultos bajan su consumo de pantallas, los chicos también lo hacen. Es una cuestión de hábitos compartidos”, afirmó.
Un llamado a la conciencia
La entrevista con la doctora Bermejo deja un mensaje claro: el uso de pantallas debe ser regulado, no solo por una cuestión de conducta, sino por el impacto directo que puede tener en la salud física y hormonal de las infancias. En estas vacaciones de invierno, fomentar el descanso, el juego compartido y el movimiento no solo es una buena idea: puede ser una inversión concreta en el bienestar a largo plazo de niñas, niños y adolescentes.
La doctora Natalia Bermejo es médica pediatra especialista en endocrinología infantil en el Cepsi Eva Perón. También trabaja de forma privada en Upa Lalá consultorios. Por turnos comunicarse al teléfono (0385) 3112786.