La feroz disputa entre Claudio “Chiqui” Tapia y el presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, volvió a dejar en evidencia el trasfondo más complejo del conflicto: la pulseada por la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y el entramado de vínculos entre el dirigente del Pincha y empresarios interesados en invertir en el fútbol argentino. En el medio, aparecen también figuras del gobierno de Javier Milei, algunas de las más controvertidas del actual escenario político.
Según reconstruyó La Política Online, uno de los lazos más discutidos es el que Verón tejió con el empresario estadounidense Foster Gillett, heredero de una fortuna generada por su padre George, quien incursionó en áreas como deportes, telecomunicaciones y entretenimiento desde los años ’70. Esta relación se fortaleció justo cuando el Gobierno nacional impulsó el debate sobre las SAD, un modelo que la mayoría de los clubes rechazaron, pero que Verón propuso analizar bajo una fórmula mixta que permitiera recibir inversiones sin renunciar al carácter de asociación civil.
Esa apertura fue la puerta de ingreso para Gillett. Operadores vinculados al oficialismo se mostraron activos en el proceso: la diputada Juliana Santillán y su pareja Guillermo Tofoni fueron dos de los principales impulsores, mientras que Daniel Scioli también aportó lo suyo en las gestiones. Las fotos del empresario junto a Santillán y Tofoni circularon en redes, algunas incluso posando con un cuadro de Milei. Tofoni, enfrentado históricamente con Tapia por los derechos comerciales de los amistosos de la Selección, fue precisamente quien firmó en Miami el preacuerdo con Verón en representación de Gillett.
Ese convenio inicial prometía a Estudiantes una inyección de USD 150 millones, con posibilidad de ampliarse. El plan contemplaba desde incorporaciones de futbolistas de primer nivel hasta proyectos de infraestructura, que incluían techar el estadio de La Plata, construir una nueva sede, ampliar oficinas, fortalecer la escuela del club y sumar canchas para distintas disciplinas. La elección de Miami no fue casual: Verón tiene allí inversiones y forma parte del directorio del The Miami Football Club, donde impulsa una academia deportiva junto a Pepe Sánchez, Manu Ginóbili, Agustín Pichot y Pico Mónaco.
La relación, sin embargo, se deterioró rápidamente. Gillett había prometido desembolsar USD 10 millones para habilitar el pase de Cristian Medina, pero cuando llegó el momento del depósito desapareció y dejó a Verón en una situación incómoda. El escándalo fue tal que Santillán eliminó de sus redes todas las fotos con el empresario. Meses después, Gillett finalmente giró cinco millones y luego completó el resto, aunque también incumplió su compromiso de invertir en el pase de Ezequiel Piovi, cuya financiación terminó afrontando Estudiantes.
La figura de Verón, además, carga con un estigma histórico: la sospecha de que no dio todo en el Mundial 2002. Aquella eliminación en fase de grupos todavía lo persigue, alimentada por imágenes que lo mostraban distante ante Suecia, un resultado que favoreció a Inglaterra, justo cuando él jugaba en el Manchester United. Ese episodio le valió acusaciones de “vendepatria” que todavía sobrevuelan cada vez que queda envuelto en una polémica pública.
