La inseguridad golpea con fuerza a las instituciones deportivas de Añatuya, donde en las últimas semanas se multiplicaron los robos y hechos vandálicos en distintos predios. Referentes del Club Talleres General Belgrano y del Centro Recreativo San Jorge expresaron su preocupación por la situación que atraviesan.
Patricia Gil, del Club Talleres GB, relató que delincuentes ingresan de manera constante al predio, aprovechando accesos vulnerables y causando daños. Según explicó, ya no quedan elementos de valor dentro de la institución, debido a los reiterados robos sufridos en el último tiempo.
“Entran todos los días como si fuera su casa. Abren una puerta, salen por otra. Hoy encontramos mercadería escondida debajo de la tribuna. Ya no queda nada para robar en Talleres, se llevaron todo”, lamentó.
Además, contó que incluso se llevaron productos destinados a programas sociales y que muchas veces dejan cajas vacías para simular que aún hay mercadería. También señaló que tuvieron que clausurar accesos, ya que colocar candados resultaba inútil: los rompían o directamente destruían puertas y ventanas para ingresar.
Gil sostuvo que el club no logra recuperarse económicamente de cada robo, ya que además de lo sustraído deben afrontar gastos constantes en reparaciones. Hace aproximadamente un mes también sufrieron el robo total del sistema de iluminación, por lo que debieron improvisar instalaciones precarias para continuar con actividades como clases de zumba.
Por su parte, Carlos Bentancor, responsable del Centro Recreativo San Jorge, denunció que en los últimos dos meses también fueron víctimas de numerosos robos. Según detalló, delincuentes sustrajeron más de once reflectores LED, dejando prácticamente sin iluminación sectores clave del predio.
“Me dejaron la cancha de hockey sin reflectores. También robaron luces de la cancha de vóley y hasta un reflector pequeño que iluminaba la zona de los árbitros”, explicó.
Bentancor agregó que gracias a las cámaras de seguridad lograron registrar a una persona cometiendo uno de los robos, aunque la preocupación continúa por la reiteración de los hechos.
Ambos testimonios reflejan la difícil realidad que atraviesan los clubes barriales de Añatuya, instituciones que cumplen una función social clave y que hoy deben destinar recursos a reparar daños y reponer elementos esenciales, en lugar de invertir en el crecimiento deportivo y comunitario.
