El sistema financiero argentino vive una realidad dual: por un lado, los trabajadores del sector reciben mejoras salariales que ubican el ingreso inicial por encima de los 2,18 millones de pesos desde abril; por otro, las entidades privadas profundizan un proceso de achique de su red de sucursales.
En Tucumán, esta transformación se hará visible con el cierre de tres puntos de atención de un banco privado de relevancia. Las sedes afectadas están ubicadas en Barrio Sur, Barrio Norte y en plena zona céntrica sobre calle San Martín, un área históricamente vinculada a la actividad bancaria.
La situación local no es un caso aislado. A nivel nacional, el retroceso de la infraestructura física es sostenido: entre finales de 2023 y 2025 dejaron de operar cerca de 300 sucursales en todo el país, marcando un cambio de paradigma en la forma en que las entidades prestan servicios.
El principal motor de este proceso es la digitalización. Actualmente, la gran mayoría de las operaciones —alrededor del 90%— se realizan mediante plataformas online, lo que redujo significativamente la concurrencia a las sucursales. Esta caída en la atención presencial, estimada en un 30% interanual, llevó a los bancos a priorizar inversiones en tecnología, aplicaciones móviles y sistemas digitales.
Sin embargo, el contexto económico también juega un papel clave. El aumento de la morosidad en créditos y tarjetas, que alcanzó niveles récord en las últimas dos décadas, presiona sobre la rentabilidad del sistema. A esto se suman regulaciones más exigentes y procesos de fusión entre grandes entidades, que generan superposición de estructuras y derivan en cierres.
Así, la banca argentina avanza hacia un modelo cada vez más virtual, donde la eficiencia operativa y el uso de tecnología desplazan progresivamente a las tradicionales sucursales físicas.
