El liderazgo no es solo del líder, aunque a veces actuemos como si lo fuera
Coworkers working together in the office with the help of technology

**Por Cecilia Inés Russo

Esperar que el líder resuelva todo es una de las formas más efectivas de debilitar a un equipo. Porque sin liderazgo personal, no hay equipo que se sostenga.

Hay una escena bastante habitual en los equipos. Algo no funciona. Los resultados no aparecen. Las conversaciones se tensan. Y entonces, casi de manera automática, la mirada va hacia el mismo lugar: el líder.

Se lo mira  como el único responsable de lo que falta, lo que no se dijo, lo que no se hizo, lo que debería cambiar. Como si el funcionamiento del equipo dependiera, en última instancia, de una sola persona.

Durante mucho tiempo se reforzó una idea que todavía sigue muy presente: que el liderazgo es algo que ejerce quien ocupa un rol formal; que si no tienes el título de líder, no puedes ser líder.

Y desde ahí, se construye una lógica bastante clara:

  • el líder marca el rumbo
  • el líder ordena
  • el líder contiene
  • el líder resuelve

Y el resto… acompaña.

O espera.

El problema no es el líder (es la expectativa)

No se trata de negar la importancia del liderazgo formal, ya que es clave para la articulación y la organización. Pero hay algo que suele pasar cuando todo recae ahí: el resto del equipo se corre. Se corre de la responsabilidad. Se corre del protagonismo.

Se corre de la posibilidad de intervenir.Y sin darse cuenta, empieza a ocupar un lugar más cómodo:el de esperar.

Esperar que alguien más:

  • ordene
  • defina
  • resuelva
  • sostenga

Un equipo no se construye desde la espera

Cuando el liderazgo queda concentrado en una sola persona, el equipo pierde algo esencial: capacidad de respuesta.

Porque un equipo no es la suma de personas dirigidas. Es una red de personas que intervienen. Que se hacen cargo. Que toman posición. Que asumen que lo que pasa… también tiene que ver con ellos.

Liderazgo personal: un cambio de lugar

Hablar de liderazgo personal no es hablar de jerarquía. Es hablar de que posición toma cada persona ante lo que acontece.

Es el momento en que alguien deja de decir: “esto no funciona” y empieza a preguntarse:

“¿qué estoy haciendo —o dejando de hacer— para que esto pase?”

Ese pequeño corrimiento cambia todo. Porque mueve a la persona:

  • de la queja a la responsabilidad
  • de la observación a la acción
  • del lugar de espectador al de protagonista
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Asumir liderazgo personal no siempre es lo más fácil. No es cómodo: Implica incomodarse. Implica exponerse. Implica dejar de justificar. Y también implica algo más profundo: renunciar a la idea de que “otro debería hacerse cargo”.

Pero sin ese movimiento, no hay equipo posible. Porque ningún líder —por más capaz que sea— puede sostener solo lo que un equipo no asume.

Una pregunta que cambia el lugar en el equipo

En lugar de mirar hacia arriba esperando respuestas, tal vez valga la pena abrir otra pregunta:

¿Qué tipo de miembro de equipo estoy siendo hoy?

No en términos de tarea, sino en términos de: compromiso, participación, responsabilidad y forma de relacionarme con otros. Porque ahí es donde empieza, realmente, el liderazgo.

Un equipo necesita liderazgo. Pero no solo del líder. Lo necesita en cada una de las personas que lo integran.

Porque cuando el liderazgo se distribuye, algo cambia: las conversaciones se vuelven más genuinas, los acuerdos más sólidos, y la capacidad del equipo para responder… crece.

Y entonces sí, el equipo deja de depender de uno solo.

Y empieza, verdaderamente, a funcionar como equipo.

Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

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